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Posts Tagged ‘noche’

Cada noche oía el sonido del tiempo, lo oía escurrirse segundo a segundo, tan despaciosos ellos, aferrados cada uno a su efímera existencia. En la oscuridad de mi cuarto escuchaba los sonidos que anunciaban el sueño. Los pasos firmes de mi padre, mi madre colocando los trastes en los tabancos de la cocina. Voces susurradas, una silla que cruje, la hamaca que se mece en el corredor. Casi podía escuchar las chupadas que mi padre le estaba dando a su cigarro, oír la brasa encenderse e inflamarse, el humo entrar y salir de los pulmones con una silbido ronco y áspero. La tos de mi hermano pequeño. Y yo acurrucada en mi cama, como un animal al acecho del silencio absoluto. Entonces abría el ventanuco pulgada a pulgada, suavemente, disolviendo con paciencia cada chirrido, y a través de él me deslizaba hacia la noche. Le chistaba quedito a los chuchos y caminaba con pasos cautelosos para no hacer ruido hasta que estaba lejos. Entonces volaba hasta ti y no le tenía miedo a la oscuridad, ni a las fieras, ni a las ánimas ni a la muerte.

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Era noche cerrada. La vela que había encendido sobre la tapa del baúl, a la cabecera de la cama, se había consumido por completo y el pábilo había naufragado en un charco de cera reseca. Aguzó el oído y percibió múltiples ruidos. El contraerse de la chapa, el canto de un batallón de grillos, el croar de las ranas y el sonido del viento eran como un rumor de fondo. Pero había otros ruidos más cercanos, inquietantes, goterones gruesos, pesados, que caían sobre el techo, el removerse de algún animal, unos resoplidos, un chillido, patitas que se movían nerviosas, que sonaban dentro de la estancia, junto a su camastro. El hombre buscó la lámpara que había dejado bajo la almohada y alumbró las paredes. El débil haz de luz, el círculo amarillento, apenas descubría las sombras grotescas de los objetos, los tablones, la estantería, la cómoda, el suelo. No había nada. Alumbró hacia el techo y vio dos grandes ratas oscuras que se movían por las costaneras que lo sostenían, las mantuvo iluminadas un rato, pero no hicieron caso, les chistó y tampoco, así que apagó el foco, se arropó con la cobija y trató de olvidar sus movimientos, sus patitas rascando la madera, y dormir.

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