Feeds:
Comentarios

Posts Tagged ‘mujer’

Resultado de imagen de perro amarillo goyaHe tenido un sueño, amor. Muchas noches tengo sueños extraños, pero en el de esta noche te he visto a ti. Soñé que iba por un camino con mi hijo, trepados en la caja de camión. Un camino polvoriento que culebreaba ente cerros amarillos y los guatales pardos de la cosecha baldía, estrecho y escarpado como el que sale de Talagua y baja hasta la mesa grande; pero no ese, otro. El camión reviejo y oxidado, con el furgón hecho de tablas mal claveteadas, estaba lleno de gente apretujada, gente con el rostro plano y los rasgos puros trazos de carbón. No llevaba motorista y bajaba cada vez más deprisa, levantando una polvazón espesa que oscurecía el cielo y borraba las sombras, y la gente gritaba, toda bocas, toda ojos. Yo agarraba a mi hijo, que no se muera Diosito, lo apachurraba con fuerza en medio de la socazón de tanta gente, rezaba. Pero el camión va de correr y zarandearse, y levantarse de un costado y luego del otro, dando vueltas y revueltas por el camino barrancoso, hasta que una curva volcó y se salió del camino, y cayó devanándose ladera abajo hasta el borde de un barranco más profundo y más oscuro. (más…)

Anuncios

Read Full Post »

La niña Luz es mujer de porte otoñal, alta y delgada, con la tez clara y el pelo negro ceniciento recogido en un moño apretado que le estira la piel de la cara, por cuyos rasgos añejos parece no haber pasado nunca una sonrisa. Vive cerca de la iglesia, en un caserón de muros gruesos y techos altos, fresco hasta en los días más calientes, que tiene detrás un amplio corredor con varias pilas para el agua, un patio empedrado y una serie de alpendes más allá de los cuales el extenso huerto arbolado se prolonga en un baldío hasta la calle que va a El Volcán, ya casi en las afueras de Santa Bárbara.

Resultado de imagen de hechiceria

La niña Luz empezó a interesarse por el arte y los manejos de la hechicería de la mano de una hondureña a la que apodaban la Doña. Ella le enseñó que existían unas energías invisibles y poderosas en el universo, cuyo control requería estudio, práctica, tesón y, sobre todo, cierta calidad del espíritu que no estaba al alcance de cualquiera; le enseñó primero las magias más sencillas, como las que sirven para atrapar los pensamientos ansiosos; pero luego también otras más delicadas, como la mezcla de esencias para combatir los fríos del corazón; y de todas estas artes, le decía la Doña, unas son inofensivas y otras peligrosas, y la sabiduría más importante es aquella que ayuda a vencer la tentación de hacer maleficios cuyo propósito esté animado por el rencor o la ira. (más…)

Read Full Post »

Cuando eres mercancía

CCO Foto Pixabay

Cuando un cliente te paga, se siente tu dueño, tu señor. Ha comprado un derecho de propiedad sobre ti, como puta, pero también como mujer, como persona. Sobre tus pensamientos, tus sentimientos, tus pasiones. Tienes que hacer lo que él desee, que bailes, que estés alegre, o cualquier cosa, aunque sea una inmundicia vergonzosa. Me dan miedo los clientes, por lo que puedan pedirme o lo que me quieran exigir. No hay cliente bueno, incluso el que parezca más humilde o más desgraciado. Hay quienes desean cosas pervertidas, obscenas, cosas inconfesables que no harían a sus esposas. Entonces las buscan en nosotras. Una vez fui donde un extranjero que me puso las esposas y, así maniatada, me golpeó con la mano abierta en la cara y en el cuerpo, me golpeó con el puño hasta que perdí el sentido. Después se tranquilizó y me pidió perdón: era como le gustaba hacerlo, me dijo, y se le escapaban las lágrimas. Así lloran los cocodrilos, pensé yo. Me pagó diez pesos, me dio también unas medicinas, pero los cardenales aún los llevo tatuados.

Read Full Post »

En la mañana neblinosa vaga una mujer, atraviesa el potrero y sale a la calle casi a la altura del puente. En la garita, dos soldados se frotan las manos, fuman y se ríen por lo bajito, sin ponerle cuidado a la mujer que chinea un tiernito. Cruza el puente sin que nadie le haga caso, y sube la calle y se aleja del río. Hace frío aún, y la neblina persiste hasta que sube la ladera y queda abajo la nube. Alguna gente en el camino la mira raro, sucia y desgreñada como va, desharrapada, churretosa, con la mirada perdida, y ella deja la calle y busca las veredas, el amparo de la montaña más frondosa. Cuando está sola le canturrea a la criatura que arropa bajo la camisa, la carita contra su cuello, la nuca hacia fuera. A veces le mete el pezón en la boquita, a la fuerza se lo mete, pero es que le duelen las chiches. No sabe dónde está, no sabe adónde va, no sabe quién es, pero no quiere que la gente la vea, prefiere esconderse, volverse furtiva. (más…)

Read Full Post »

A %d blogueros les gusta esto: