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Posts Tagged ‘El Salvador’

Era el día tres de mayo, el día de la cruz, y había ido al pueblo a traer gas para los candiles, baterías para el foco, otras cuestiones para el parto y unas flores para adornar la cruz. Yo me fui con el hijo mayor, Saúl, que tenía nueve añitos, atenida a que estaba embarazada y que me dejarían pasar. Cuando venía de regreso me salió el escuadrón, en una casa que hay al final del pueblo, algo apartada, allí se habían puesto.
─A ver, la documentación. Qué llevas ahí, tú, enseña esa garrafa. Estas baterías son para los revoltosos.
─Para el parto son, por si me toca en la noche.
─Tú eres subversiva, un correo que lleva intendencia.
─No me digan eso, que yo ni sé lo que es.
─No te hagas la desentendida. Mira, ayer capturamos a un guerrillero y lo colgamos de aquel árbol de ceibo. Y hoy te toca a vos.
─Yo no debo nada. Es verdad que necesito las cosas, no ven que estoy preñada, pues.
─Ya vamos a ver las listas.
Y sacaron una libreta con muchos nombres escritos y pasaron varias páginas.
─Aquí estás, ¿ves que eres revoltosa? Te vamos a sacar el niño que tienes en la panza, que también él va ser guerrillero.
Pues yo ya estaba resignada a que me iba a morir. Entonces mi hijo se puso a hablar sin que le preguntara nadie.
─Mi mamá no es guerrillera. En casa no hay guerrilleros.
─Cómo no, y tú vas a ser el primero que vamos a matar.
─Ustedes no creen en Dios ─les dijo el niño─, porque ustedes matan y Dios dice que no matarás.
─Ah, ya te estás delatando chino, ¿quién te ha enseñado esas babosadas? Un cura comunista, ¿verdad?
─Los diez mandamientos lo dicen.
─Tu madre te lo ha de haber enseñado.
─Ustedes es que no creen en Dios y no cumplen los mandamientos.
Yo me estaba poniendo muy nerviosa porque también al niño me lo iban a matar, pensaba, o a llevárselo con ellos o a saber qué. Pero no, quizá lo que les dijo los rebajó un poco y nos dejaron ir.
─Te tenemos fichada, eh. A la próxima vez que te veamos no te vas a escapar.
No se me olvida, un tres de mayo. ¿Y las flores?, me dijeron al llegar.

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Cuando yo estaba pequeña, mi papá trabajaba sólo para el patrón. La manzana de tierra para la milpa vaía 30 colones y si uno no tenía dinero tenía que dar la mitad de la cosecha o, en veces, más. Lo mejor del maíz, o sea las mazorcas más grandes, hasta completar dos anegas de maíz. Una anega hace 800 mazorcas de maíz. De allí tenía que dar anega y media de maicillo y doce días de compromiso, de sol a sol.
En los días de compromiso era de cercar y desyerbar. Y no lo dejaban que hicieran lo de uno primero sino que precisaba más lo del patrón. Y le decían que si no iban a hacer los días, no le volvían a dar para la milpa. Y le repartían la tierra en los cerros, en lo más feo, donde había sólo zacate. El patrón hacía donde se podía arar.
En veces amanecíamos con una tortilla. Mi mámá la tostaba y nos daba un pedacito a cada uno porque éramos 6 hijos. Los dos ellos se quedaban sin comer.
Los días de compromiso no los pagaban. Solamente daban dos tiempos de comida, a lsa 8 y a las 12. Daban frijoles y un pedacito de queso. Y a veces la tortilla no ajustaba.
La gente comenzó a organizarse de uno en uno, al ver que ya no alcanzaba pra comprar de lo básico que se utilizaba en la casa.

Testimonio dado por la Niña Francisca Chicas, de Ita-Maura, y recopilado en el libro “Tiempo de recordar y tiempo de contar” (publicado por el SJD “Pedro Arrupe”, San Salvador, 1994)

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Resultado de imagen de campamento de "mesa grande"

Artículo muy interesante, publicado por Ventura A. Alas en Insurgencia Magisterial, sobre la historia de los campamentos de refugiados salvadoreños y el segundo retorno de Mesa Grande.

Para leerlo pinchar el siguiente enlace:
Segundo retorno de Mesa Grande

1988. Frontera Honduras-El Salvador. Retorno de refugiados salvadoreños. Foto de Giovanni Palazzo publicada en elfaro.net

1988. Frontera Honduras-El Salvador. Retorno de refugiados salvadoreños. Foto de Giovanni Palazzo publicada en elfaro.net

 

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Archivo histórico: Reportaje sobre la historia de la Educación Popular en la comunidad Santa Marta, departamento de Cabañas, El Salvador.

El vídeo ha sido filmado en 1998, producido por ADES Santa Marta y Educación sin fronteras. La digitalización y remasterición la ha realizado Roberto, de Arte Castúo, en Azuaga, y la subida a la red y el enlace a Youtube es obra de Jesús Peñas.

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En la mañana neblinosa vaga una mujer, atraviesa el potrero y sale a la calle casi a la altura del puente. En la garita, dos soldados se frotan las manos, fuman y se ríen por lo bajito, sin ponerle cuidado a la mujer que chinea un tiernito. Cruza el puente sin que nadie le haga caso, y sube la calle y se aleja del río. Hace frío aún, y la neblina persiste hasta que sube la ladera y queda abajo la nube. Alguna gente en el camino la mira raro, sucia y desgreñada como va, desharrapada, churretosa, con la mirada perdida, y ella deja la calle y busca las veredas, el amparo de la montaña más frondosa. Cuando está sola le canturrea a la criatura que arropa bajo la camisa, la carita contra su cuello, la nuca hacia fuera. A veces le mete el pezón en la boquita, a la fuerza se lo mete, pero es que le duelen las chiches. No sabe dónde está, no sabe adónde va, no sabe quién es, pero no quiere que la gente la vea, prefiere esconderse, volverse furtiva. (más…)

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El viejo

La Tencha es una cipota preciosa, para abril ajustó los quince años. Las grenchas negras le gusta llevarlas sueltas, enmarcándole la cara como melena de león etíope. La piel morena está hinchada y tersa como fruta sazona, ni tan, tan, ni muy, muy. Tiene un modo de andar que alebresta el ánimo y una sonrisa, vos, qué sonrisa, generosa, mostrando todos los dientes, que le ilumina la cara como a una virgen María.

La Tencha es hija de Porfirito y Herminia. El tata es hombre trabajador y la nana es de la pastoral, religiosa la señora, de esas que creen en el Cristo de los pobres. Tiene una hermana también bonita, la Delmi, que ya tiene un hijo de un Juan Tiña que la dejó preñada y la dejó sola. Es conseguidota la cipota, y está bien para un rato, pero como la hermana, por Dios, no hay otra en todo el cantón.

La primera vez que la vide fue en la la tienda de la Serapia y no me hicieron falta ni dos miradas para enamorarme de ella. Le platiqué allí mesmo, que si mamasita linda, que si vaya luceros, que si contigo me casaba, y toda esa casaca que yo me manejo tan bien; pero me dio largas la jodida, tal vez porque está de novia de un carajo que se fue para el norte, Tomás de nombre, hijo de la Teresa para más referencias, que la tiene enganchada con las cartas que le envía.

Me dio largas, pero aquí estoy yo, nomás matando moscas con el rabo y pensando cómo hacerle para conseguirla. Aquí estoy yo, que no soy tan joven como el Tomás, ni tan buen mozo, y ni siquiera estoy soltero, pero que, como dijo el otro, más sé por viejo que por diablo.

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familia salvadoreña frente a su casa

familia salvadoreña frente a su casa

Llegaron a media tarde, después del almuerzo, cuando ya estaban lavados los trastes, recogida la mesa y apenas si quedaban unas brasas mortecinas en el comal; eran muchos, muchos, más de cien. Entraron por el portón que da al camino bajo y se disgregaron por todo el huerto, dejaron sus mochilas en el suelo, en cualquier puesto: debajo de los aguacates, entre el cafetal, junto a los mangos, bajo unas matas de huerta, parapetados en el cerco de piedra.

Desde el corredor, la familia asistió a la invasión sistemática de la propiedad. Estaban puestos en fila: la madre, que tenía en sus brazos al más pequeño, y la hija mayor, que les daba las manos a sus dos hermanos menores, y los miraban en silencio, estáticos, observando y sintiéndose observados. Por fin, un grupo como de diez soldados se acercó a la casa y entró en el corredor. Pasaron junto a ellos sin un saludo, sin una explicación, como si fueran figuras de barro, se despojaron de sus mochilas y pertrechos y los dejaron en el suelo. (más…)

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