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Posts Tagged ‘aventura’

Cada noche oía el sonido del tiempo, lo oía escurrirse segundo a segundo, tan despaciosos ellos, aferrados cada uno a su efímera existencia. En la oscuridad de mi cuarto escuchaba los sonidos que anunciaban el sueño. Los pasos firmes de mi padre, mi madre colocando los trastes en los tabancos de la cocina. Voces susurradas, una silla que cruje, la hamaca que se mece en el corredor. Casi podía escuchar las chupadas que mi padre le estaba dando a su cigarro, oír la brasa encenderse e inflamarse, el humo entrar y salir de los pulmones con una silbido ronco y áspero. La tos de mi hermano pequeño. Y yo acurrucada en mi cama, como un animal al acecho del silencio absoluto. Entonces abría el ventanuco pulgada a pulgada, suavemente, disolviendo con paciencia cada chirrido, y a través de él me deslizaba hacia la noche. Le chistaba quedito a los chuchos y caminaba con pasos cautelosos para no hacer ruido hasta que estaba lejos. Entonces volaba hasta ti y no le tenía miedo a la oscuridad, ni a las fieras, ni a las ánimas ni a la muerte.

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Una muestra de cómo la Historia, con mayúsculas, subvierte la historia, con minúscula, de los propios personajes.

Nominada a nueve Goyas y ganadora de uno (mejor diseño de vestuario)

La película nos cuenta el sitio y la vida y milagros de los defensores del aislado fuerte de Baler, al este de la isla de Luzón, un asedio que duró casi un año y que se prolongó, por la tozudez y desconfianza de los sitiados (y posiblemente también por su valor), varios meses después de haber finalizado la guerra hispano-norteamericana.

Cartel de “1898. Los últimos de Filipinas”, película de 2016

1898. Los últimos de Filipinas nos remite (a los que ya tenemos una edad) a la famosa película de 1945, de la que toma el nombre, dirigida por Antonio Román y protagonizada, ente otros, por Fernando Rey y Tony Leblanc; pero no es un remake propiamente dicho de ella (que narra el hecho desde la perspectiva épica, paternalista y condescendiente para con los tagalos de la España de la postguerra), sino una revisión de aquel acontecimiento histórico a la luz de los nuevos tiempos y, sobre todo, al amparo de lo políticamente correcto.

Y este extremo supone, desde mi punto de vista, la pata coja del banco, porque, así como en la anterior versión se deforman los hechos desde un patrioterismo exagerado, en esta se deforman desde un complejo de culpabilidad histórica por los cuatro siglos de dominación española de sus colonias. Los responsables de este proyecto cinematográfico parece han pretendido ser tan “realistas”, tomar tanta distancia con el film “franquista” de los años 40, que se han ido, como un péndulo, al otro extremo del espectro, dejando por el camino, no ya a la verdad, sino sobre todo a la verosimilitud.

Así, 1898. Los últimos de Filipinas, nos presenta un elenco de personajes atormentados y contritos, críticos con la Historia que les toca vivir y, por tanto, fuera de lugar: con principios y valores propios de la España de nuestros días, pero que no parecen haber sido los de hace un siglo. Y es una lástima que estos errores en el guión, la dirección y el enfoque general estropeen una cinta con un “haber” poderoso: unos paisajes maravillosos, algunas actuaciones meritosísimas, un vestuario y atrezzo magníficos. Sin embargo el “debe” es tan contundente, que las virtudes no consiguen salvar de ninguna forma la película.

Cartel de “Los últimos de Filipinas”, película de 1945

El ejemplo más patente quizá sea la paradoja de los personajes que, a pesar de estar la mayoría muy bien interpretados por actores consagrados, son sin embargo uno de los elementos más sustractivos de la película. (más…)

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