La tempestad

Cervantes regresaba a su tierra tras muchos años al servicio de Su Católica Majestad

Relato ganador del certamen “Cervantes: 400 años después”

Cuentan en los puertos de esta malhadada patria nuestra que no hay aguas más temibles que los mares septentrionales, más allá de la isla de Thule, donde los temporales son tan furiosísimos que descuadernan los navíos de un solo coletazo y que, comparados con ellos, el Mediterráneo no es sino una charca para patos.

Quizás ignoran estos señores que cuando un humilde ratón se enfurece, y enseña los dientes, ni el más osado matasiete se atreve a echarle mano. De igual manera, cuando nuestro manso Mediterráneo se encoleriza y se desboca no hay rienda que lo sujete ni timón que lo gobierne. A los hechos me remito, y con pesar lo digo, pues algo tuvo que ver esa cólera marina con la sarta de desgracias que dio con mis huesos en las mazmorras de Argel. Leer Más

Tierra desconocida

 

En el siglo XVI, el mapa de la tierra estaba aún por configurar: enormes océanos vacíos e inexplorados

Una flotilla de varios navíos perdido en la inmensidad del pacífico durante meses

Al fin, después de más de un mes de navegar por el mayor océano del orbe, siempre hacia el oeste, con buen viento y buena mar, sin más temporal que algunos chubascos repentinos que llegaban tan deprisa como se iban ni mayores problemas que la falta de espacio y el gran hacinamiento, yendo las cuatro naves en conserva, a la vista unas de las otras, el día veintiuno de julio del año mil quinientos noventa y cinco, a eso de las cinco de la tarde, se avistó tierra por el rumbo del norte, cuarta al noroeste. Leer Más

La hechicera

la hechicera

La hechicería tiene gran arraigo entre la gente sencilla

Convertir en realidades los deseos más intensos es una pretensión universal.

La Doña es una hechicera y vidente muy afamada en San Judas, adonde llegó en los agitados días de la guerra del fútbol, durante los cuales la ciudad se convirtió, por su calidad de fronteriza, en una babel alocada y bulliciosa, llena de soldados, mercachifles, giróvagos, refugiados, aventureros y buscavidas de cualquier jaez; y allí se estableció al terminar el efímero conflicto, una vez que hubo retornado a su habitual pereza provinciana. Sin embargo, nadie sabe de dónde proviene, ni hay dato alguno de su pasado, anterior a esas fechas, del que hayan podido echar mano los chismosos, si bien muchos sostienen la tesis de su origen caribeño por la raigambre que tiene allí la práctica de la magia negra. Leer Más

Triángulo mortal (y 3)

vela apagandose
triángulo mortal

A los dos o tres días de estar administrándole la droga, sus efectos se hicieron notables, provocando en el capitán un estado de delirio tan profundo que llegó a inspirarle compasión. A veces, sin motivo aparente, aunque fuera en mitad de la noche, se alteraba, gritaba y se asustaba de los temibles fantasmas que lo acosaban.

Una tarde, el capitán tuvo unas horas de lucidez y, como si por fin hubiese comprendido la inminencia de la muerte, pidió confesión al sacerdote y llamó a los suboficiales a su cuarto para, delante de todos ellos, confirmar el gobierno de la plaza al sargento. Todos se conmovían de su palidez extrema, la negra barba bien crecida, la mirada febril y la respiración apagada. Después de un rato de charla se sintió tan cansado que pidió a los presentes que abandonasen la cámara y lo dejasen reposar, por lo que todos desfilaron en fúnebre procesión hacia fuera. Leer Más

Triángulo mortal (2)

triángulo mortal II

El médico dormía junto al capitán, en su mismo barracón, y pasaba el tiempo al pie de su cama, enjuagando su sudor y escuchando su delirio mientras pensaba cómo salvar a la mujer. La herida del capitán estaba infectada y la fiebre se resistía a remitir.
Durante varios días la vida del capitán estuvo bailando en el filo de la navaja. El médico pensaba que cada noche sería la última y por la mañana se lo encontraba con la boca muy abierta, respirando como un lagarto, empapado en sudor y estremecido por los escalofríos, pero vivo. Hasta que el quinto día le notó una leve mejoría: en sus ojos, aunque agotados y febriles, brillaba una lucecita de entendimiento, su respiración se volvió más regular y su semblante recuperó la serenidad.
Sin embargo, el médico no podía alegrarse, porque su salvación sin duda supondría la condena de la mujer. Si alguna plegaria salió de sus labios fue para pedir que el capitán le concediese la gracia del perdón. Mas en vano fueron los ruegos, porque apenas recuperó el aliento ordenó al sargento que formase un tribunal para juzgarla.
―¿Todavía quiere usted matarla? ―preguntó el médico. Leer Más

Triángulo mortal (1)

triángulo mortal (1)

Al médico lo despertó un grito de dolor, un grito que primero se incorporó al sueño y después se prolongó en la vigilia. Se levantó algo aturdido, rodeado por los murmullos de quienes se habían espabilado antes que él y salió del barracón. La noche estaba avanzada y una luna en menguante iluminaba el paisaje con un claror azulado. Vio pasar a la guardia armada frente a él y perderse dentro del puesto de mando, a cuya entrada muchos se apiñaban queriendo hacer averiguaciones. Al cabo de unos momentos el sargento salió del puesto, le dijo que el capitán lo mandaba llamar y, sin más explicaciones, lo tomó por el brazo y lo llevó adentro, donde lo vio tendido en su lecho y a una mujer tirada en el suelo: su mujer, pero también la de él. Hizo ademán de arrodillarse junto a ella pero la voz del capitán lo cortó con aspereza: «No es a ella a quien tienes que atender, sino a mí. La muy perra trató de matarme». Y ordenó a la guardia que se la llevara y la encerrase en el calabozo. Leer Más

Bajo las estrellas

bajo las estrellas

En cuanto anocheció emprendió el camino. Tenía que cruzar antes del amanecer. Notaba la cabeza algo despejada, pero la malaria lo martirizaba como nunca, el cuerpo le dolía, los huesos le dolían. Una luna pequeña, en creciente, se acercaba al horizonte con su claridad amortiguada. En lo alto de la cúpula del cielo, una miríada de estrellas lo contemplaba.

Intentó caminar con paso regular, sin apretar la marcha, calculando que le aguantaran las fuerzas, pero al ratito ya sentía un cansancio inmenso y la vida se le iba con cada paso. Voy a dar uno más y ya veré, decía el hombre, y lo daba, y ahora otro, decía, y luego otro, y así contó trescientos, mil, dos mil pasos, más o menos un quilómetro. Jadeaba, se mareaba y no podía, pero voy a caminar otro quilómetro, decía, y volvía a empezar la cuenta. Había dejado el camino y avanzaba por veredas entre los cerros, por trochas de animales, alejadas de los caminos y carreteras. Leer Más

Seis mil lunas en Amazon

No puedes escapar a la violencia de una guerra civil: quieras o no, te cambia la vida.

Sobre el telón de fondo de la revolución salvadoreña, Seis mil lunas nos presenta catorce historias de personas concretas, de carne y hueso, sacadas de la América Latina de hoy, que nos transmiten sus derrotas, sus desventuras, sus esperanzas y su búsqueda de una vida mejor.

Refugiados y desplazados, mujeres luchadoras, jóvenes sin infancia, abuelas siempre madres, delatores, fugitivos, hacendados y campesinos que tratan de sobrevivir sobre la línea que divide la cordura de la barbarie.

 

Un sueño

un sueño
un sueño

He tenido un sueño, amor. Muchas noches tengo sueños extraños, pero en el de esta noche te he visto a ti. Soñé que iba por un camino con mi hijo, trepados en la caja de camión. Un camino polvoriento que culebreaba ente cerros amarillos y los guatales pardos de la cosecha baldía, estrecho y escarpado como el que sale de Talagua y baja hasta la mesa grande; pero no ese, otro. El camión reviejo y oxidado, con el furgón hecho de tablas mal claveteadas, estaba lleno de gente apretujada, gente con el rostro plano y los rasgos puros trazos de carbón. No llevaba motorista y bajaba cada vez más deprisa, levantando una polvazón espesa que oscurecía el cielo y borraba las sombras, y la gente gritaba, toda bocas, toda ojos. Yo agarraba a mi hijo, que no se muera Diosito, lo apachurraba con fuerza en medio de la socazón de tanta gente, rezaba. Pero el camión va de correr y zarandearse, y levantarse de un costado y luego del otro, dando vueltas y revueltas por el camino barrancoso, hasta que una curva volcó y se salió del camino, y cayó devanándose ladera abajo hasta el borde de un barranco más profundo y más oscuro. Leer Más

Fallo del III Certamen literario Entre Pueblos

asociación de escritores Entre Pueblos

Esta semana se ha fallado el III Certamen literario Entre Pueblos, en las modalidades de relato corto y poesía. Los más de 120 trabajos recibidos han sido de una gran calidad por lo que el fallo ha sido difícil para los jurados de cada una de las modalidades.
Finalmente, los premiados y finalistas han sido los siguientes:

En la modalidad de relato corto, la obra ganadora por unanimidad del jurado ha sido Corazón de peón, que recibirá un premio en metálico de 200 € y una estatuilla del artista azuagueño Manuel Pilar. Abierta la plica, el autor es José Vicente Alonso, de Vitoria, Álava.
Los finalistas, merecedores de diploma acreditativo de la calidad de sus obras, han sido  Lourdes Aso Torralba, de Jaca, Huesca, con el relato El duelo; y Ángel Silvelo Gabriel, de Madrid, con el relato El día que quedé con Pessoa en Lisboa.

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Como un pajarito

Este micro relato ha sido publicado originalmente en la web colectiva “Salto al reverso”

SALTO AL REVERSO

flor_almendro2 Fotografía por Julio Alejandre.

La madre de Marta fue languideciendo poco a poco, como una llama mortecina, hasta apagarse del todo. La memoria empezó a fallarle en pequeñeces cotidianas: olvidaba la lista de la compra, lo que había ido a buscar al ropero o, con el teléfono en la mano, a quién iba a llamar; se le borraban inmediatamente las cosas que acababan de pasar o lo que le habían dicho; después se le olvidaron los nombres, empezando por los simples conocidos, continuando por los allegados y, más adelante, las personas más queridas, Marta incluida. «¿Quién es esta chica?», le preguntaba a su hija Consuelo, que se la había llevado a vivir con ella cuando enviudó, y se encargó de cuidarla a lo largo de la enfermedad; ella y Tomas, su marido.

Marta los visitaba un domingo de cada dos. Iba por la tarde y siempre compraba una bandejita de…

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La niña Luz

La niña Luz es mujer de porte otoñal, alta y delgada, con la tez clara y el pelo negro ceniciento recogido en un moño apretado que le estira la piel de la cara, por cuyos rasgos añejos parece no haber pasado nunca una sonrisa. Vive cerca de la iglesia, en un caserón de muros gruesos y techos altos, fresco hasta en los días más calientes, que tiene detrás un amplio corredor con varias pilas para el agua, un patio empedrado y una serie de alpendes más allá de los cuales el extenso huerto arbolado se prolonga en un baldío hasta la calle que va a El Volcán, ya casi en las afueras de Santa Bárbara.

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La niña Luz

La niña Luz empezó a interesarse por el arte y los manejos de la hechicería de la mano de una hondureña a la que apodaban la Doña. Ella le enseñó que existían unas energías invisibles y poderosas en el universo, cuyo control requería estudio, práctica, tesón y, sobre todo, cierta calidad del espíritu que no estaba al alcance de cualquiera; le enseñó primero las magias más sencillas, como las que sirven para atrapar los pensamientos ansiosos; pero luego también otras más delicadas, como la mezcla de esencias para combatir los fríos del corazón; y de todas estas artes, le decía la Doña, unas son inofensivas y otras peligrosas, y la sabiduría más importante es aquella que ayuda a vencer la tentación de hacer maleficios cuyo propósito esté animado por el rencor o la ira. Leer Más

“No te pongas bravo, poeta” de Roque Dalton

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Roque Dalton

Roque Dalton, ensayista, periodista, activista político e intelectual salvadoreño, pero, sobre todo, poeta, gran poeta. Murió a los 40 años de edad, asesinado en el año 1975. Entre su obra, destacan Taberna y otros lugares, Los testimonios o Las historias prohibidas del Pulgarcito. El “Pulgarcito” es su país, El Salvador, el pulgarcito de América. Un poema suyo, uno entre tantos:

La vida paga sus cuentas con tu sangre
y tú sigues creyendo que eres un ruiseñor.
Cógele el cuello de una vez, desnúdala,
túmbala y haz en ella tu pelea de fuego,
rellénale la tripa majestuosa, préñala,
ponla a parir cien años por el corazón.
Pero con lindo modo, hermano,
con un gesto
propicio para la melancolía.

 

II Jornadas literarias de Azuaga

asociación de escritores Entre Pueblos

Siguiendo la senda iniciada en 2017, el sábado 14 de abril se celebrarán las II Jornadas Literarias de Azuaga, bajo el lema “La poesía no es un cuento, en homenaje a la figura de la escritora Gloria Fuertes, cuyo centenario se celebró en 2017.

El programa (pincha aquí para verlo) de estas II Jornadas incluye dos actividades sobre el papel de la mujer en la poesía y sobre Gloria Fuertes, mujer y poeta, y dos talleres de escritura: uno de cuento y otro de poesía. La jornada finalizará con la entrega de los premios del 3er. Certamen literario Entre Pueblos.

pincha para verlo con más detalle

La inscripción podéis hacerla a través de la web del CPR de Azuaga (sólo docentes) o bien a través del cuestionario de inscripción que puedes obtener AQUI y que, una vez relleno, puedes enviarlo al correo electrónico de la Asociación de escritores Entre Pueblos…

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El hilo de Ariadna

el hilo de Ariadna

Dónde quedó el pequeño llorón que se sentaba en la puerta de la cocina con el estómago en carne viva, esperando que su madre lo llamase para comer; y la madre, qué fue de ella, de sus tiernas manos, sus manos cariñosas que espantaban los fantasmas más pertinaces y los monstruos de pesadilla con una sola caricia, sus manos protectoras, más fuertes que una coraza y más eficaces que un chaleco antibalas, ¿dónde están? ¿Acaso se quedaron atrás, perdidas en las lagunas de la memoria, en los brazos del olvido y de la nostalgia más antigua y más angustiosa?

¿Nunca te preguntas qué fue de aquellos juegos infantiles de los días de verano, del caballo de escoba que amarrabas a los barrotes de la ventana, de la espada de palo con que matabas las malvas del corral, del belén de navidad que ponías sobre la mesa tocinera, con musgo, papel de plata y palmeras de retama, de las cartas del abuelo, de las tardes de siesta, o las otras de tormenta, en que retumbaba la casa con cada trueno, y se iba la luz, y los hermanos, refugiados tras los cristales, veían el torrente achocolatado que bajaba por el centro de la calle? Leer Más

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