Segunda piel (microrrelato de ciencia ficción)

segunda piel (¡hasta el infinito y más allá!)
Blade Runner fue la culpable. Cuando la vi me enamoré de la ciencia ficción y desde entonces he leído todo lo que ha caído en mis manos. Este sencillo microrrelato de ciencia ficción, Segunda piel, es un pequeño homenaje a aquellos libros que me hicieron viajar en fantásticas naves, acompañado de criaturas imposibles, ¡hasta el infinito y más allá!

Sigma empujó con el pie lenta pero contundentemente el cadáver del último astronauta hacia la plataforma del desintegrador molecular y lo contempló con frialdad, sin lástima ni remordimientos, sin resentimiento, pese a ser el que más trabajo le había dado. Un hombre sagaz, pensó, de inteligencia aguda y sutil intuición, el único capaz de adivinar su juego; pero, al cabo, de nada le había servido: allí estaba, también muerto.

Retiró la vista del hombre para fijarla en sí misma. Estaba cansada de aquella máscara. Se llevó las manos a los cierres del traje, los soltó y se desnudó lentamente, experimentando por última vez la sensación del deslizarse de la ropa sobre la piel. El oscuro material quedó amontonado a sus pies, hecho un gurruño, que también empujó hacia la plataforma, dejando al descubierto un cuerpo escultural: largas piernas, cintura estrecha, el vientre liso, los senos perfectos, el rostro bellísimo, de grandes ojos claros, el pelo abundante y sedoso, un cuerpo, en fin, extraído de un sueño colectivo, de una conjunción de pecados.

Pero aún tenía otro traje que quitarse. Alzó una mano y acarició con ella la piel del rostro, de color canela, la dejó escurrir por el cuello, por el costado, rozó suavemente la cadera, se tentó el arranque del muslo, pellizcó la piel elástica, tersa, y bruscamente clavó las uñas y la desgarró.

La educación en Mesa Grande

La educación en Mesa Grande

Muchos internacionales pasaron por el área de educación de Mesa Grande, venidos de varias partes del mundo. Yo sólo conocí a algunos: Sabina, Hans, Pilar, Carmencita, Johanna, Katarina, Clara, David. A otros no los conocí en persona, pero mucha gente me habló de ellos: Cristof, María, Kris, etc.

En el área de educación trabajábamos con los maestros populares, ayudándolos a preparar las clases y a mejorar su propia formación. Había dos niveles: primaria y adultos. Y después se añadió el nivel de kínder. En primaria se daba desde 1º hasta 6º grados. Y si al terminar 6º alguien quería seguir estudiando, tenía que repetir otra vez 6º o apuntarse a la Escuela Técnica. En adultos había 4 grados: alfabetización, post-alfabetización y dos de avanzado.

Los internacionales nos reuníamos todos los días con los maestros y maestras populares en los “Centros de educación” para preparar las clases del día siguiente. El tiempo que estuve en Mesa Grande me tocó trabajar en el nivel de adultos y, como las clases se daban por la tarde, me reunía con los maestros populares por la mañana en el Centro de educación del campamento 5. Había algunos maestros mayores, pero la mayoría eran cipotes o cipotas jovencitas, pero listos y con muchas ganas de aprender y de enseñar. Recuerdo que cada uno llevaba un bolsoncito de tela donde cargaba las libretas y cartillas. Los días calientes nos asábamos debajo de los techos de lámina y nos resbalaban goterones de sudor por la cara, pero eran peores los días que hacía temporal porque nos helábamos de frío y a cada rato nos andábamos soplando las manos para que no se quedaran entumecidas. Leer Más

Encuesta: el lenguaje inclusivo en la escritura

La historia no se detiene, los gustos y las ideas cambian y las sociedades evolucionan. De la misma manera, el lenguaje, que es un ente vivo, evoluciona y se transforma a remolque de estos cambios. Desde hace tiempo, pero de manera muy especial en las últimas décadas, la igualdad de género ocupa en lugar fundamental en la reflexión social. El lenguaje no ha sido ajeno a estos cambios y, comoquiera que la estructura de género de nuestro idioma es esencialmente masculina, han surgido muchas alternativas para adaptarlo a los nuevos tiempos.

El tema, aunque ha generado muchas y muy agrias polémicas (y seguirá haciéndolo, seguro), me parece lo bastante interesante para plantearlo en este blog dedicado a la escritura. Y espero que pueda dar ideas y puntos de vista desde el respeto a la diferencia. Para acotar un poco la encuesta, la pregunta que os planteo es la siguiente: ¿QUÉ ALTERNATIVA  PREFIERES EMPLEAR AL ESCRIBIR LITERATURA?

 

Reseña sobre La gran ilusión, una obra maestra de Jean Renoir

Reseña sobre La gran ilusión, una obra maestra de Jean Renoir

Esta reseña sobre  La gran ilusióntrata de rescatar del olvido  la película de 1937, obra maestra del director francés Jean Renoir, que además de dirigirla escribió el guión, basado en su propia experiencia bélica. Esta cinta casi enterrada por el tiempo y la industria me parece una de las grandes obras del cine por su sencillez aparente, su humor sutil, sus personajes memorables y sus excelentes diálogos. Espero que os guste la reseña sobre La gran ilusión.

Está claro que la guerra es un tema que atrae la atención del espectador. Las películas sobre este tema  han tenido y siguen teniendo tanta presencia en el cine que constituyen un género propio: el bélico. Y como cualquier otro género, éste ha parido películas de todos los pelajes y calidades, aunque la gran mayoría de ellas no dejan de ser más que un subgénero especialmente violento del cine de acción.

Sin embargo, dentro de este cine hay, paradójicamente, un conjunto de películas que contienen, en mayor o menor medida, lo que podría llamarse un menaje antibelicista. La mayoría de ellas, y dada la potencia de la industria cinematográfica norteamericana, llevan un mensaje de autocrítica sobre las guerras en las que este país se ha involucrado. Ahí tenemos, por ejemplo, sobre la guerra de Vietnam, a Platoon o Apocalipse now. La SGM está presente en La delgada línea roja, Cartas desde Iwo Jima o la tan excelente como desconocida coproducción norteamericano-japonesa Oba, the last samurái. Y más recientemente han ido apareciendo algunas cintas sobre las guerras del Golfo o las intervenciones de EEUU en conflictos de oriente medio. Leer Más

Relatos de adolescentes: El chaval que vino de ninguna parte

Relatos sobre adolescentes: el chaval que vino de ninguna parte

El chaval que vino de ninguna parte, un relato sobre adolescentes publicado originalmente en la web participativa Salto al reverso.

Por aquel entonces vivía en el barrio de Manoteras, en Madrid. Habíamos formado una pandilla grande y revoltosa y nos pasábamos en la calle todo el tiempo que podíamos, jugando, corriendo y yendo de acá para allá como gatos de arrabal.

De vez en cuando se sumaban a la pandilla chavales de fuera del barrio: venían de repente, generalmente traídos por alguno de nosotros, se integraban durante una temporada y al cabo de un tiempo se largaban. Con algunos simpatizábamos más y con otros menos, pero siempre los acogíamos. Como a Amado, un tipo inquietante que vino de ninguna parte.

Amado llegó al barrio una mañana de primavera, quizá en Semana Santa, porque recuerdo que eran días de vacaciones. Lo descubrimos rondando por el descampado y se lo presentamos a los demás, que estaban organizando los equipos para un torneo de minifútbol. Era mayor que nosotros y se veía que andaba errante, huyendo de algo, quizá de sus padres, quizá de la policía o de otros colegas peores que él. Vestía con un estilo muy macarra: botas camperas, pantalones de campana, camisa con cuello de pico y cazadora de cuero, todo ello muy ajado. Llevaba el pelo largo y sucio y en la cara tenía constelaciones de espinillas que se reventaba cuando estaba aburrido. Leer Más

Madre desesperada abrazando su bebé

Madre desesperada abrazando su bebé

En la mañana neblinosa una madre desesperada abrazando su bebé, atraviesa el potrero y sale a la calle casi a la altura del puente. En la garita, dos soldados se frotan las manos, fuman y se ríen por lo bajito, sin ponerle cuidado a la mujer. Cruza el puente sin que nadie le haga caso, y sube la calle y se aleja del río. Hace frío aún, y la neblina persiste hasta que sube la ladera y queda abajo la nube. Alguna gente en el camino la mira raro, sucia y desgreñada como va, desharrapada, churretosa, con la mirada perdida, y ella deja la calle y busca las veredas, el amparo de la montaña más frondosa. Cuando está sola le canturrea a la criatura que arropa bajo la camisa, la carita contra su cuello, la nuca hacia fuera. A veces le mete el pezón en la boquita, a la fuerza se lo mete aunque le duelan las chiches. No sabe dónde está, no sabe adónde va, no sabe quién es, pero no quiere que la gente la vea, prefiere esconderse, volverse furtiva. Leer Más

Servicios literarios para escritores noveles: ¿Un nido de aves rapaces?

Servicios literarios para escritores noveles

A lo largo de este y futuros artículos trataremos de analizar más en profundidad el abanico de servicios literarios para escritores noveles que han proliferado en los últimos tiempos. Trataremos de separar el grano de la paja con el objetivo de servir, en la medida de lo posible, de faro a escritores noveles como tú que quieren publicar su primera obra y se encuentran perdidos entre tantos servicios e información que se puede encontrar en internet.

 

“Planta un árbol, escribe un libro y ten un hijo”: el popular dicho de origen árabe forma, hoy en día, parte consustancial de nuestra sociedad y nuestra filosofía de vida. A medida que ha aumentado el tiempo libre y de ocio, la educación se ha hecho un bien universal y, sobre todo, se ha extendido el uso de las nuevas tecnologías y de las redes sociales, hay cada vez más gente aficionada a la escritura, más gente que ha convertido la escritura en una parte importante de su vida y que siente el legítimo deseo de publicar. Leer Más

La refugiada y el extranjero

 

Casi a oscuras queda la habitación, sólo el resto de la candela que aún da su puchito de luz parece que quiere pelearle el terreno a las sombras. Galán se está con esta mujer que me ha encontrado sin yo buscarla. La piel le luce de un trigueño intenso con la claridad de la vela. Voy a apagarla, porque los de la vigilancia no tardan y a ella no le gustaría que nos hallaran. Ni a mi tampoco. No es fácil que vayan a encontrar este nido tan clandestino, en el almacén viejo. Está a trasmano de todo y nos podemos quedar hasta la amanecida casi, a pesar del olor raro que se respira aquí, con tantos venenos y abonos y herbicidas. Ella duerme ahorita, pero hace un momento me quería descuajaringar del todo. Es chocante que una campesina de una aldea perdida del todo, refundida en la mera frontera, sea tan sensual y desinhibida. Y exigente, que quiere que uno le cumpla bien cumplidito, pero en eso no va tener queja. Leer Más

La atracción del abismo (microrrelatos sobre adolescentes)

microrrelatos sobre adolescentes la atraccion del abismo

Hace muchos años leí un libro titulado así: La atracción del abismo. Se trataba de una novela de aventuras del escritor estadounidense James Oliver Curwod situada, como casi todas sus obras, en los territorios salvajes del Canadá. El argumento apenas lo recuerdo, pero el título se me quedó grabado y siempre tuve la ilusión de escribir algo con el mismo nombre. Ahora se me ha presentado la ocasión y, aunque se trate de un simple post, no pienso desaprovecharla. Espero que os guste este nuevo microrrelato sobre adolescentes.

Mi amigo Míchel era un poco cleptómano. Le gustaba ir a los supermercados del barrio a robar algunas cosas, menudencias, y me incitaba para que lo acompañara. A mí esas aventuras no me gustaban nada, lo pasaba mal pensando que nos iban a coger, pero para no ser menos que él casi siempre terminaba por claudicar y lo acompañaba. Nuestra táctica era coger una canasta, ir poniendo en ella las cosas que pensábamos llevarnos y, en un punto desenfilado de miradas clientes o empleados, meterlas en los bolsillos. Para disimular, pasábamos por caja pagando una bagatela. La mayoría de las cosas que robábamos eran de comer: galletas, chocolate, zumos, caramelos, pero también caían cualesquiera otros productos que nos llamaran la atención, siempre que fueran pequeños. La única vez que rompimos esa regla, nos pillaron. Quisimos llevarnos una caja de juegos que anunciaban mucho por la tele cuando se acercaban las navidades, pero la caja era muy aparatosa y no había forma de salir sin llamar la atención. Así que se nos ocurrió desvalijarla: los cubiletes, los dados, las fichas y tarjetas los guardamos en los bolsillos, y los tableros de cartón los escondimos entre la ropa y el cuerpo. Para disimular, al pasar por caja pagamos una bolsa de pipas grande, de las que costaban un duro. Pero fuera nos estaban esperando cuatro o cinco chicos que trabajaban de mozos en el establecimiento. Leer Más

Mistery Blogger Award

¿QUÉ ES EL “MISTERY BLOGGER AWARD”?

El “Mystery Blogger Award” es un premio para  bloggers singulares cuyo blog no solo cautiva sino inspira y motiva. Son blogs destacados y se merecen todos los reconocimientos que obtienen. Este premio también es para bloggers que se divierten e inspiran en sus  blogs  y lo hacen con amor y pasión. 

Okoto Enigma, creador de este premio, decidió llamarlo “Mystery Blogger Award” porque el significado de su nombre, “Enigma”, es “misterio”. Así que lleva el nombre de su creador. Además, es un nombre muy apropiado porque hay muchos blogs que aún son un misterio para todos nosotros  y cuando los conocemos resultan ser extraordinarios.

Link: https://www.okotoenigmasblog.com/my-greatest-creation-yet/

Agradecimiento:

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Agencias editoriales: una alternativa para publicar

agencia editorial

La agencia editorial representa una alternativa dentro del complejísimo mundo de la publicación. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y hay agencias y agencias. Este post pretende ser el primero de una serie de ellos dirigidos a profundizar sobre las dificultades y alternativas, a veces engañosas, con las que se encuentra el autor novel. En él analizaremos brevemente el mundo de las agencias y daremos algunas pistas que podrán ser útiles a todos aquellos escritores que estén pensando en publicar.

Una agencia editorial o literaria es un intermediario entre el autor y la editorial. Su trabajo es semejante al que realizan los representantes de los deportistas… pero con escritores: se dedican a recomendar obras literarias a editoriales que consideran adecuadas y también a asesorar al autor o autora en aspectos como consejos literarios, tendencias del mercado editorial, venta de los derechos y propiedad intelectual o seguimiento de la obra con la editorial.

Hay muchas agencias editoriales, y muchas páginas web (como por ejemplo escritores.org) que dan información sobre ellas; pero el mundo de las agencias editoriales es muy cambiante y la mayoría de los directorios suelen estar bastante desactualizados. Así que dejo AQUÍ un directorio de elaboración propia, con sus direcciones web, sus correos de recepción de manuscritos y también algunos comentarios que os podrían resultar útiles (aún así, algunas podrían estar ya desactualizadas). Leer Más

La guardería

La comunidad Santa Marta (Villa Victoria, El Salvador) se fundó en 1987 por un grupo de refugiados que, provenientes del campamento de Mesa Grande (Honduras), retornaban a su país cuando la guerra estaba aún en plena efervescencia.
Llegaron otros grupos de retornados, la guerra finalizó y la población aumentó considerablemente, sobre todo los niños.
La comunidad Santa Marta tuvo entonces la iniciativa de establecer,  a principios de los años noventa, una guardería en la que las madres trabajadoras pudieran dejar a sus niños para poder dedicarse ellas a otras tareas, como enfermeras en el centro de salud, maestas en la escuela, microempresarias o aprendices en los talleres de cerámica, cestería, etc.
Ahora, veinticinco años después, la “guardería”, con la simplicidad de la construcción, los niños churretosos y pobremente vestidos y la valla de alambre para evitar que los animales ensuciasen el corredor, parece casi un campo de concentración. Pero no, era una guardería: la guardería de Santa Marta.

Extraña manera de hacer justicia (microrrelatos sobre adolescentes)

microrrelatos sobre adolescentes

Si hace unos días compartí con vosotros alguno de mis microrrelatos sobre playas, hoy os traigo un microrrelato sobre adolescentes. Está ambientado en Madrid y su protagonista es un adolescente al que conocíamos como Furia. Espero que os guste leer esta serie de microrrelatos sobre adolescentes casi tanto como a mí escribirlos. Os dejo con él.

Extraña manera de hacer justicia: un microrrelato sobre adolescentes y lo que le tenía deparado el destino a nuestro abusón particular

Yo me crié en un barrio de Madrid, por la zona de Ciudad Lineal, en unos bloques de pisos a los que les decíamos así: los Bloques. En aquella época, a principios de los setenta, las calles, parques y descampados de la ciudad estaban llenos de niños y jóvenes que iban de un lado para otro como bandadas de gorriones; no como ahora, que parecen vetustas y vacías.

En los Bloques no era diferente y teníamos tres pandillas: la de los pequeñajos, la nuestra y la de los mayores. Los mayores nos llevaban casi todos un par de años, aunque algunos rondarían ya los diecisiete o los dieciocho. Unos pocos estudiaban y la mayoría trabajaba. Cuando se juntaban solían sentarse en algún portal o en alguna esquina a charlar, a pegar voces, organizar pequeñas escaramuzas de golpes y empujones o echarse unos pitillos. También hacían guateques los sábados por la tarde e invitaban a las chicas más guapas del barrio. Los envidiábamos por ello. Aunque les gustaba el fútbol, y algunos lo jugaban muy bien, nunca organizaban partidos y si se les antojaba dar unas patadas al balón, se metían en el nuestro sin pedir permiso. A mí no me gustaba jugar con ellos porque chutaban muy fuerte, arrollaban a los más pequeños y rompían el delicado equilibrio que, de tanto jugar juntos y conocernos, solíamos lograr. Con ellos, los partidos se volvían desordenados, duros y pronto se terminaban. Pero claro, era difícil evitarlo; que se metieran, me refiero. Si les decías que no, te arriesgabas a que te dieran un par de leches o que te la guardaran para más adelante.

A veces, cuando se aburrían o cuando no tenían nada mejor que hacer, nos perseguían para pegarnos o hacernos alguna perrería porque, argumentaban, nosotros éramos del Atleti y ellos del Madrid. La mayoría de las veces escapábamos con un empujón, un brazo retorcido o con alguna llave de judo, pero no siempre. Otras veces las cosas se ponían más complicadas. Sobre todo cuando estaba Furia, que era un chaval no muy alto, pero fuerte, con la tez rubicunda y sin rastro de barba. En aquella época en la que las melenas estaban de moda y cada cual hacía de la suya una seña de identidad, resultaba chocante el pelo corto de Furia, no sé si por decisión propia o por imposición paterna. Su padre, don Felipe, era un sargento de infantería de marina, ya retirado, que tocaba el trombón en la banda del cuartel, y su madre era una señora muy encopetada, rubia oxigenada, vestida de forma muy llamativa y con la cara muy maquillada, para disimular las arrugas. Furia era el hijo pequeño de una patrulla de hermanos que no vivían ya en los Bloques. De estos detalles me había enterado yo a través de mi madre, que hablaba mucho con la suya cuando se la encontraba por la calle.

Como decía, Furia era el más temible del grupo de los mayores, un capullo alocado con una vena de barbarie que asustaba. No se conformaba, como los otros, con hacernos pasar un mal rato; no, a él le gustaba humillar, ensañarse con quien fuera hasta conseguir que llorase a moco tendido. Y no era fácil eludirlo, porque atacaba casi siempre a traición: salía del portal con el cigarrito recién encendido, para que no lo viera el padre, andando con la cabeza gacha, sin fijarse en nosotros, como si estuviera ensimismado en cualquier pensamiento, y de repente, cuando más confiados estábamos, zas, daba una carrera y pillaba a alguno. A la fuerza, retorciéndole el brazo hacia atrás, se lo llevaba de allí a un lugar más desenfilado, igual que los depredadores cuando capturan a una presa, para maltratarlo a su gusto: darle unos capones de los que más duelen, una quemadura con la brasa del cigarro, levantar a la desafortunada víctima tirándole de las patillas o cualquier tormento que se le ocurriese.

Uno de sus pasatiempos favoritos consistía en apostarse en las escaleras de su portal con una escopeta de aire comprimido. Desde allí dominaba a placer el parque donde nosotros solíamos jugar y con ella nos pegaba plomazos en las piernas. Gracias a los pantalones largos, sólo nos dejaba un moratón, sin abrir herida, pero el dolor era muy fuerte, peor que si te hubiesen pegado una patada. Cuando lo veía aparecer, yo me ponía ojo avizor, listo para echar a correr a la menor señal de peligro; pero aún así consiguió atraparme una vez y me hizo que le limpiara los zapatos con la lengua, unos zapatos viejos de color negro, con cordones, una costura de adorno en la puntera y llenos de polvo. Lo hizo delante de todos los presentes, chicos y chicas. Vaya, vaya con el listillo de Julio, me decía, creías que te ibas a escapar de Furia, ¿eh? Durante unos años Furia fue nuestra pesadilla, y aunque pronto se marchó a la mili, no pudimos respirar aliviados porque, en los permisos que le daban, venía con la mala leche acumulada en el cuartel y deseando desquitarse. Con el uniforme de marinero, el lepanto y el pelo rapado tenía un aspecto más infame de lo usual.

En uno de aquellos permisos fue cuando le hizo a Vicente, el Tonel, una atrocidad que estuvo a punto de convertirse en tragedia. Estábamos todos jugando en el monte, como le decíamos a un descampado que había junto a los Bloques, haciendo cortafuegos entre la hierba seca para después quemarla. Los cortafuegos no los hacíamos por prudencia o civismo, sino porque lo habíamos visto en un documental en la tele y nos dio por intentar aplicarlo. Tan entretenidos estábamos con la diversión que no nos percatamos de Furia hasta que no lo tuvimos encima. Iban con él otros dos colegas, seguramente reclutas, porque tenían el pelo casi al cero. No recuerdo quién dio la alarma, pero en un instante salimos todos en desbandada, corriendo hacia la vía de escape más cercana. Detrás de mí se vino el Bolo. Los dos saltamos la valla que nos separaba de un chalet próximo y nos quedamos agazapados detrás de un seto, viendo a través de sus ramas lo que pasaba en el monte. Vicente no era buen corredor y tuvo peor suerte: tropezó y cayó, haciéndose una herida en las rodillas. Furia y sus amigos lo cogieron y empezaron a aplicarle sus habituales métodos de abuso. Tal vez todo se habría quedado en un par de apretones si no hubiera sido por el sorprendente coraje que sacó a relucir Vicente y que a Furia, como el matón que era, lo cabreó más que cualquier otra cosa.

Supongo que fue para doblegarle el orgullo que se le ocurrió la idea de quemarlo. Primero lo arrastraron hasta un poste de la luz y lo amarraron a él; después, apilaron a sus pies el pasto que habíamos sacado de los cortafuegos y le acercaron el mechero. Vicente se había puesto pálido y les gritaba, llorando, con la voz quebrada, que no lo hicieran, pero Furia, con sádica insensibilidad encendió la broza y se fue tranquilamente, andando con chulería, mientras Vicente intentaba apartar desesperadamente con los pies el pasto inflamado. Entonces saltamos la valla y corrimos hacia él. Apagamos el fuego y lo desatamos. Se le habían chamuscado los zapatos y los pantalones y tenía algunas quemaduras en las piernas, además de la herida en la rodilla, la que se hizo al caer. Estaba casi desmayado y lo llevamos a su casa en volandas, entre el Bolo y yo. De camino se nos fueron acercando los demás, saliendo de sus escondrijos. Miguel, la Rata, cuando nos vio aparecer, quiso hacer el chiste de que Vicente, el Tonel, nos aplastaría con su peso, pero no tuvo mucho éxito.

Al final no se armó ninguna pelotera, como habíamos imaginado, ni vino la policía, ni mucho menos salió la noticia en los periódicos. La madre de Vicente fue a hablar con don Felipe, el padre de Furia, y ahí se quedó todo. No sé si don Felipe le daría a su hijo el escarmiento que se merecía; en todo caso, si fue así de poco sirvió, porque al poco tiempo ya estaba de nuevo haciendo de las suyas.

Tardamos varios años en librarnos de Furia, uno porque nos fuimos haciendo mayores y ya no se atrevía con nosotros, y dos porque se fue de los Bloques y no volví a saber de él en mucho tiempo. No obstante, hace poco que un antiguo conocido me dijo que había muerto en un accidente. “Cómo fue la cosa”, le pregunté. “Se estrelló contra un poste, el coche se incendió y no pudo salir”. La vida, pensé, tiene extrañas maneras de hacer justicia.

 

Reseña sobre “Seis mil lunas”

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Paco Collado, poeta, periodista, crítico literario, guionista y miembro de la Asociación de Escritores Extremeños, ha reseñado en su blog El Gabinete de Kaligari, el libro de relatos “Seis mil lunas”. Su opinión tal vez ayude al lector indeciso.

Comencé a leer “Seis Mil Lunas” sin acceder previamente a la biografía del autor. El resultado fue que al cabo de tres cuentos, llamó mi atención el dominio del habla salvadoreña, la fluidez en las construcciones, la naturalidad en la estructura, hasta el punto de que me quede asombrado cuando leí que se trataba de un madrileño que había trabajado como cooperante (Colomoncagua, Mesa Grande, Morazán, etc), que actualmente, se encuentra afincado en la Baja Extremadura, dedicado a la enseñanza. Quien haya  tratado de pergeñar una historia corta, utilizando cualquiera de las características léxicas de los países hispanoamericanos, se ha topado con la dificultad de estructurar las frases de modo natural. No se trata de colocar palabras al libre albedrío o de sustituir las utilizadas en el castellano de acá con las del castellano de allá, como un sanitario colocando apósitos. La realidad es mucho más compleja.

El resto de la reseña se puede leer aquí.

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