Vida nueva

El texto ha obtenido mención de honor en el 7º certamen de relato breve “La lectora impaciente”

Abrió los ojos súbitamente, unos ojos oscuros y algo enrojecidos, rodeados por unas ojeras moradas y profundas que, durante unos instantes, miraron sin ver. Se fijaron, al fin, en la mosquitera que estaba suspendida sobre la cama, sucia de polvo y hecha un puño.
Quería recordar, fijar la atención en algo que había quedado a medio camino del pensamiento, prisionero en la difusa frontera donde se confunden el sueño y la vigilia. Quería encontrar el cabo, el hilo preciso que se lo devolviera. Frunció el ceño en un vano esfuerzo por concentrarse. Un ligero movimiento a su costado, un suspiro ronco y el deslizarse de la ropa de la cama lo hicieron girar la cabeza e incorporarse sobre el codo derecho. La mujer descansaba casi de espaldas a él, desnuda y previsiblemente dormida. Leer Más

Espejismo de verano

Un hombre del mismo color que el campo llegó a la casa. Olía igual que la tierra reseca del verano. Tenía las piel atravesada por las mismas grietas que los sembrados. Me volteé por dos veces cuando me llamó porque la primera no vi a nadie, solo el horizonte encalimado, los cerros pardos, los guatales amarillos, el aire que reverberaba. Por eso lo enviaste a él, para que nadie lo viera. A saber cuánto tiempo tuvo la mano tendida, ofreciéndome la nota. Un papel diminuto, doblado y vuelto a doblar, un papel que olía a tu olor. No dijo nada, y se fue. Si yo no hubiera guardado el papel, si no lo hubiera leído mil veces, como lo leí, podría haber dudado de su misma existencia y haber pensado si no fue un espejismo o un sueño soñado.

En defensa de los consumidores

A medida que se acercan las elecciones parece que el país se ha convertido en un enorme mercadillo [enorme subasta retransmitida en directo y con dos compradores mayoritarios] donde todo estuviera de ofertas. En fin, que las rebajas de enero parecen haberse adelantado a la arena política con una frivolidad capaz de dejar frío a cualquiera que tenga unos segundos para reflexionar sobre cómo se están mediatizando y mercantilizando unas elecciones donde está en juego, en cada ocasión, nada menos que la soberanía nacional. Leer Más

Emergencia en Centroamérica

Desde el pasado 11 de octubre Centroamérica vive una situación climática marcada por lluvias constantes y situaciones de emergencia debido a la vulnerabilidad en que viven miles de familias, debido al impacto de estos fenómenos climáticos, en estos paises, fundamentalmente en Guatemala, miles de personas se han visto afectadas, hay decenas de muertos y desaparecido. Las afectaciones han incidido fundamentalmente en las viviendas y los cultivos. Publicamos algunos de los informes que nos han hecho llegar oprganizaciones de El Salvador y Guatemala, así como una entrevista a María Reina Salazar de la Comisión DDHH de Guatemala. Más información

El delator

No fue sino hasta mucho después, cuando acabó la guerra, que Meregildo contaría a un grupo de reporteros, ávidos de hechos sangrientos, la historia del delator. Meregildo hablaba como el niño que recuerda una travesura, salpicando el relato de sonrisas abiertas que le iluminaban la cara y pasándose la mano con frecuencia por un pelo oscuro que empezaba a ralear. Sin embargo, sus ojos de mirada dura y fría desmentían las palabras ligeras.
El delator era un mal hombre, advertía a la audiencia, y su dedo estaba tan manchado de sangre ajena que no le bastarían dos eternidades para limpiarlo; aunque sus razones debía tener para hacer lo que hacía, aclaraba, porque la conciencia, a lo que parece, la tenía despejada.
Una tarde calurosa y húmeda, Meregildo había ido a sacarlo de la estructura de lámina y madera que hacía las veces de cárcel: Ya es hora de que trabaje y se gane la comida que le estamos dando. El delator estaba acuclillado en un rincón, tapándose los ojos con las manos atadas y parpadeando por la súbita invasión de la luz. Tenía el cuerpo entumecido y le costó dar los primeros pasos, pero observaba el campamento con la mirada de un niño: el sombrajo donde torteaban las mujeres, la clínica improvisada donde un médico intentaba coser una mano, un árbol frondoso bajo el cual una maestra-niña enseñaba las letras a torpes aprendices, champitas improvisadas entre las sombras.

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Caciques del siglo XXI

Antes de la llegada de la democracia proliferaban los caciques. Los hemos tenido durante el franquismo, en la república, que fue demasiado corta y no dio tiempo a erradicar el mal, y también antes, con la dictadura de Primo de Rivera, con el Borbón, con el otro Borbón, con la Restauración, con la reina Isabel y antes aún y más atrás… A lo largo de la historia de esta tierra, el caciquismo ha sido una constante.
Todos sabemos lo que es un cacique y cómo actúa: algunos, porque lo han vivido en carne propia, y otros porque lo han escuchado. En todo caso, en el diccionario viene su definición, para ilustrar a quien lo ignore.
Dice el DRAE, cacique: Persona que en una colectividad o grupo ejerce un poder abusivo. El diccionario María Moliner es más extenso y explica, cacique: Persona que ejerce una autoridad abusiva en una colectividad; particularmente, el que en un pueblo se hace dueño de la política o de la administración, valiéndose de su dinero o influencia. Leer Más

Aleteando en la memoria

La memoria utiliza extraños criterios para seleccionar los recuerdos, pensaba Elisa, y no dejaba de sorprenderle que la fuerza e insistencia con que recordara a alguien fallecido, no siempre tuviera relación con el vínculo que los hubiese unido en vida. Así, uno de los muertos que se conservaban más activos en su conciencia era un hombre anónimo de sus tiempos de universitaria cuyo cadáver sangrante pudo ver a muy corta distancia.
Elisa regresaba de la facultad dando un paseo, como hacía siempre, hasta la plaza de Moncloa, para abordar allí el metro. Pero aquella tarde le dio por subirse a un autobús de la línea dieciséis, que estaba aparcado en la parada terminal con las puertas abiertas y muchos asientos vacíos. Ella se acomodó al lado de la ventanilla, cerca del conductor, y sacó un libro para entretenerse durante el largo trayecto. En la calle Martínez Campos, a la altura de Fortuni, el autobús frenó tan bruscamente que casi todo el pasaje acabó por el suelo. Se levantó un revuelo de gritos y voces airadas que se calmó al momento con la noticia de que había un atropellado. Todos se precipitaron a las ventanillas y Elisa colocó el marcapáginas e hizo lo propio.
Justo a su altura, debajo del autobús, vio el cuerpo de un hombre. En realidad, se trataba sólo del busto, pues las piernas desaparecían debajo del vehículo. Estaba tumbado boca abajo, con los brazos casi en cruz, como dormido sobre el pavimento. De la calva cabeza partía un rastro de sangre oscura, tan oscura que en un principio no la reconoció como tal. Recuerda cómo se fue formando un corrillo alrededor del cadáver, un mudo semicírculo que lo observaba; cómo lo levantaron entre varios hombres para llevarlo a la acera de enfrente, donde quedó hecho un guiñapo, con la americana marrón enrollada y la camisa biege con los faldones sueltos; cómo alguien recogió un zapato, también marrón, de la calzada y lo dejó caer a su lado; cómo llegaron los policías en una furgoneta y taparon el cuerpo con una manta y dispersaron a los curiosos; y, en fin, cómo, mientras el autobús estuvo parado, ella no volvió a abrir el libro, entregada a la morbosa contemplación del espectáculo. Elisa nunca supo nada sobre aquel hombre, pero durante mucho tiempo, cada vez que cerraba los ojos, se le representaba con nitidez su imagen.

San Blas, Madrid, 1986

Es una tarde desapacible y extraña en la ciudad. Hace bochorno y la tormenta, que desde hace horas viene amenazando con caer, únicamente deja escapar unos goterones escasos y pesados que ensucian los parabrisas de los coches aparcados, como si estuvieran cargados de barro en lugar de agua. Un viento caprichoso, que sopla a rachas, remueve el aire caliente y cargado de polvo, como puesto a cocer en una marmita, y asfixia a quienes se atreven a respirarlo. Una mujer vestida con unos vaqueros desgastados y una camiseta ajustada cruza la calle Amposta y avanza pegada a las deprimentes fachadas de ladrillo de los edificios, que están sucias de pintadas y carteles viejos, descoloridos por el sol y ajados por la lluvia, en los que un Felipe sonriente pide el sí ciudadano. Camina deprisa, con la cabeza agachada, huyendo del agua, del polvo y de la basura que el viento arrastra y desplaza de un lado para otro. Llegando a la esquina con la avenida Simancas, empuja con fuerza la desvencijada cancela del portal y entra. El interior está oscuro, sucias las escaleras y las paredes mohosas y salpicadas de desconchones. En una puerta de la primera planta se ve un cartel escrito con rotulador grueso que dice: Peluquería Purina. La mujer empuja la puerta, que está solo encajada, y entra.

Literatura hispanoamericana: de allá para acá

No seamos hipócritas y reconozcamos que cuando hablamos de literatura hispanoamericana sentimos, junto a un cierto orgullo idiomático, un puntito de resquemor, porque es aquel un término ambiguo, que hermana y rechaza al mismo tiempo: se refiere a la literatura escrita en español, pero fuera de España.
No existe unidad de criterio sobre su origen, pues los estudiosos en la materia se alinean desde los que incluyen en el término a cualquier literatura producida en Hispanoamérica desde la llegada de Colón, incluyendo toda la época colonial, hasta quienes la línea de corte la trazan en el momento de la independencia de las repúblicas americanas y el desarrollo de las sociedades criollas.

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El rey Jabalí

En tiempos remotos, mucho antes de que aparecieran los hombres, estos cerros de los alrededores no estaban llenos de olivos ni de campos cultivados, ni había huertas por los alrededores, ni cortijos ni cosa que se les pareciera, sino que formaban un bosque espeso y enmarañado, mezcla de monte bajo y arboleda, que abarcaba todo lo que se puede ver hasta el horizonte y más allá. Encinas y alcornoques en las lomas, quejigos en las umbrías, adelfas en las riberas; jaras, brezos y tomillos; el cantueso de flores moradas, la aulaga de flores amarillas y las amapolas rojas hacían en primavera el campo republicano.
Vivían en aquel ecosistema (que aunque es palabra moderna, algo pedante y rara, es la más adecuada para referirnos a la flora y fauna del lugar) los más variados animales, desde el pequeño saltamontes hasta el enorme toro salvaje, desde el prolífero conejo hasta la escasa garceta, desde el aguilucho cenizo hasta el buitre real, desde la humilde lombriz de tierra hasta el altivo venado, y todos ellos sin excepción estaban gobernados desde tiempo inmemorial por el tiránico clan del lobo, que les imponía férreas normas y terribles castigos y los aterrorizaba con sus frecuentes cacerías. El clan del lobo no toleraba más criterio que el suyo, se reservaba las mejores presas y los mejores espacios: los arroyos más caudalosos en verano, los refugios más abrigados en invierno, y las atalayas más altas y prominentes desde las que vigilar a sus súbditos y aullar su supremacía.
Pero un día los animales decidieron unirse para cambiar las cosas, sacudirse de encima al clan del lobo y elegir entre ellos a un nuevo rey. Durante una luna completa fue pasando la consigna de un árbol al siguiente, de un seto a otro y de cerro en cerro, sin dejar de lado ni un solo manchón de monte, hasta que se hubiera enterado el último animal bosque. Los animales se reunieron en asamblea en la umbría de un enorme cerro que hacía forma como de hemiciclo. Estaban presentes todos, sin faltar ninguno, excepto el clan del lobo. Después de mucho charlar y debatir, de hacer corrillos para sondear a los demás, de opinar lo opinable y de hacer muchas cábalas, decidieron que los animales interesados en ser rey (o reina) se presentaran de dos en dos, es decir, agrupados por parejas en las que las virtudes de uno compensaran a los defectos del otro y viceversa. Así, se presentaron la grulla con el gusano, el bisonte con la araña, el petirrojo con la víbora, la tortuga con el lince, el buitre con el conejo (que ya por aquel entonces se admitían parejas del mismo género), y un largo etcétera. Y tras más debates y discusiones se pasó a votar y resultó ganadora la pareja formada por la ardilla y el jabalí, quizá porque a todos los animales les convenció aquella combinación de inteligencia y gracia de la ardilla con la fuerza y la tozudez del jabalí.
En el clan del lobo se enteraron a la mañana siguiente, cuando ya todo estaba hecho, y bajaron del cerro donde tenían sus reales con los belfos amenazantes y las orejas replegadas, listos a dar una lección a los rebeldes, pero en lugar de animales aislados y temerosos, como solía, se encontraron a una compacta falange dispuesta presentar batalla. La refriega fue violenta y, antes de retirarse, el clan del lobo dejó profundas marcas en más de uno, pero al final no les quedó más remedio que retirarse con el rabo entre las piernas y dejar el campo libre a los nuevos monarcas.
Los animales se sentían felices con su nuevo estatus y celebraron por todo lo alto tan señalado acontecimiento: el inicio de una nueva era. Habían decidido, además, para no caer en la dinámica del pasado, que al cabo de varias lunas, cuando los ánimos y las ideas se fueran agotando, la pareja elegida pondría su cargo a disposición del respetable, para renovarse y que otros aportaran también sus talentos.
La ardilla pronto se reveló como un excelente gobernante, velando sobre todo por los derechos de los más débiles. Pero el caso fue que al poco tiempo de la elección, los acontecimientos empezaron a torcerse porque la ardilla apareció muerta en un alejado rincón, bajo la agradecida sombra de un alcornoque. Nunca se llegó a esclarecer aquella muerte, cuya versión oficial fue por hipertensión producida por un exceso de responsabilidad, ya que las ardillas, como bien sabemos todos, son animales de vida corta y ajetreada, propensos a los sustos y a las anginas de pecho. Sin embargo, algunos suspicaces lograron ver el cuerpo de la ardilla, que presentaba numerosas incisiones cortopunzantes en tronco, cabeza y extremidades. Pensaron mal del jabalí, pero no se atrevieron a decir nada porque los colmillos grandes y retorcidos de aquel les inspiraron cierto temor.
El jabalí reunió nuevamente a los animales del bosque, con lágrimas en los ojos les habló de su pesar por la muerte de la reina ardilla y les pidió un voto de confianza para finalizar su legislatura, asumiendo en solitario las funciones de rey, sin consorte, pero se buscó, eso sí, para que lo asesorase, nada más y nada menos que a maese raposo, el del jopo peludo, que tenía fama de astuto y versado en leyes, en especial las entonces conocidas como “leyes del embudo”, que aplicaba con frecuencia en todo lo que a sí mismo se refería. Los animales, que no estaban muy acostumbrados todavía a vivir en democracia y sentían aún próximos los tiempos del clan de lobo, pusieron al mal tiempo buena cara y decidieron seguir adelante con su proyecto de bosque para todos, a la espera de las nuevas elecciones.
Pero el tiempo pasaba y el jabalí le fue encontrando gustillo a eso de ser rey de los animales, al trono de piedra que le habían preparado justo debajo de dos enormes encinas, tan altas ellas que sus copas se tocaban formando como una cúpula, a las taimadas alabanzas que su consejero particular, maese raposo, le susurraba al oído, a las cestas repletas de grandes bellotas dulces y sanas que algunos animales se preocupaban en regalarle (para que ya no tuviera que esforzarse él en recogerlas), a los pequeños favores (y no tan pequeños) que muchos le pedían y que él graciosamente concedía. Se fue acostumbrando el rey a que lo llamaran Jabalí con jota mayúscula, para distinguirlo del resto de los animales, a que los demás, que hasta entonces no se lo habían tomado demasiado en serio por aquello de que, aunque de refilón, no dejaba de ser pariente del hermano cochino, le mostraran respeto y lo saludaran efusivamente cuando se lo cruzaban en las soleadas avenidas de la dehesa; a recibir un pequeño tributo en especias por las preocupaciones derivadas de su cargo; a frecuentar la compañía de quienes más halagaban su oído; a poner mala cara a quienes le llevaban la contraria u opinaban diferente; a favorecer a sus más allegados y a distinguirlos entre los demás animales del bosque; a hacer la vista gorda cuando maese raposo, el del jopo, repartía mordiscos entre la concurrencia.
En resumidas cuentas, que pasaban lunas y más lunas, gavillas enteras de lunas pasaron, y se fue acostumbrando nuestro rey Jabalí a vivir, como dice el dicho, a cuerpo de rey. Se sentía más ancho que pancho, gobernando aquel bosque con su criterio, y no se decidía a dejar el reino a otro más joven, enfadándose incluso cuando el tema se mencionaba, y a más de uno tuvo que enseñarle los colmillos, cada vez más amarillos y retorcidos, para ponerlo en su sitio.
Algunos animales empezaron a pensar si no se habrían equivocado de rey y en lugar de un jabalí se les habría colado un lobo disfrazado. Sin embargo, no se aventuraron a hacer nada porque aún recordaban la violenta batalla con los lobos, ni siquiera lo comentaron entre ellos porque un clima de desconfianza se había ido instalando en la dehesa, nadie se fiaba de nadie ni, por supuesto, se atrevía a hablar mal del Jabalí por temor a que algún vecino chivato lo delatase.
Y así están las cosas a día de hoy. El rey Jabalí lleva décadas reinando en la dehesa, dispensando favores entre sus súbditos y dando y quitando cargos a sus colaboradores y palmeros, que se atribulan en un sinvivir. De los días de la ardilla ya nadie se acuerda. Los animales se acomodaron a la tiranía del rey Jabalí. Total, suele pregonar el zorro, si nos gobernase otro rey vaya usted a saber si nos haría tantos favores como este. Qué razón tiene, piensan quienes lo escuchan, que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

Santa Marta sigue en pie de lucha

El Diario CoLatino, en su edición digital del sábado 16 de julio de 2011, saca una noticia sobre la falta de compromiso de la fiscalía de la República de El Salvador en los casos de amenazas a y asesinatos de líderes comunales y periodistas comprometidos con la lucha ambientalista  frente a las compañías mineras extranjeras que operan en el departamento de Cabañas. Y precisamente son pobladores de Santa Marta, comunidad en resistencia desde el mismo día de su fundación, el 10 de octubre de 1987, quienes deben afrontar  vez más la amenaza de “los malos”.

La noticia puede leerse, completa, en el siguiente link:
http://www.diariocolatino.com/es/20110716/nacionales/94567/Acusan-a-fiscal-de-“omitir”-investigaciones-en-amenazas-y-asesinatos-en-Cabañas.htm

Feria del Libro de Madrid

El miércoles 1 de junio de 2011, a las 13,00 h, habrá una acto de presentación de los Premios Universidad Complutense 2011, organizado por la UCM y Escritores Complutenses 2.0.

La idea es presentar las obras ganadoras y que pueda desarrollarse tener un pequeño coloquio, diálogo o debate sobre la visión de la literatura actual, que vaya más allá del formato de una mera presentación que siemrpe suele un poco rollo…

Podéis ver una reseña en el siguiente link:

http://www.revistadearte.com/index.php/2011/06/02/las-claves-del-futuro-del-libro/

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