San Blas, Madrid, 1986

Es una tarde desapacible y extraña en la ciudad. Hace bochorno y la tormenta, que desde hace horas viene amenazando con caer, únicamente deja escapar unos goterones escasos y pesados que ensucian los parabrisas de los coches aparcados, como si estuvieran cargados de barro en lugar de agua. Un viento caprichoso, que sopla a rachas, remueve el aire caliente y cargado de polvo, como puesto a cocer en una marmita, y asfixia a quienes se atreven a respirarlo. Una mujer vestida con unos vaqueros desgastados y una camiseta ajustada cruza la calle Amposta y avanza pegada a las deprimentes fachadas de ladrillo de los edificios, que están sucias de pintadas y carteles viejos, descoloridos por el sol y ajados por la lluvia, en los que un Felipe sonriente pide el sí ciudadano. Camina deprisa, con la cabeza agachada, huyendo del agua, del polvo y de la basura que el viento arrastra y desplaza de un lado para otro. Llegando a la esquina con la avenida Simancas, empuja con fuerza la desvencijada cancela del portal y entra. El interior está oscuro, sucias las escaleras y las paredes mohosas y salpicadas de desconchones. En una puerta de la primera planta se ve un cartel escrito con rotulador grueso que dice: Peluquería Purina. La mujer empuja la puerta, que está solo encajada, y entra.

Literatura hispanoamericana: de allá para acá

No seamos hipócritas y reconozcamos que cuando hablamos de literatura hispanoamericana sentimos, junto a un cierto orgullo idiomático, un puntito de resquemor, porque es aquel un término ambiguo, que hermana y rechaza al mismo tiempo: se refiere a la literatura escrita en español, pero fuera de España.
No existe unidad de criterio sobre su origen, pues los estudiosos en la materia se alinean desde los que incluyen en el término a cualquier literatura producida en Hispanoamérica desde la llegada de Colón, incluyendo toda la época colonial, hasta quienes la línea de corte la trazan en el momento de la independencia de las repúblicas americanas y el desarrollo de las sociedades criollas.

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El rey Jabalí

En tiempos remotos, mucho antes de que aparecieran los hombres, estos cerros de los alrededores no estaban llenos de olivos ni de campos cultivados, ni había huertas por los alrededores, ni cortijos ni cosa que se les pareciera, sino que formaban un bosque espeso y enmarañado, mezcla de monte bajo y arboleda, que abarcaba todo lo que se puede ver hasta el horizonte y más allá. Encinas y alcornoques en las lomas, quejigos en las umbrías, adelfas en las riberas; jaras, brezos y tomillos; el cantueso de flores moradas, la aulaga de flores amarillas y las amapolas rojas hacían en primavera el campo republicano.
Vivían en aquel ecosistema (que aunque es palabra moderna, algo pedante y rara, es la más adecuada para referirnos a la flora y fauna del lugar) los más variados animales, desde el pequeño saltamontes hasta el enorme toro salvaje, desde el prolífero conejo hasta la escasa garceta, desde el aguilucho cenizo hasta el buitre real, desde la humilde lombriz de tierra hasta el altivo venado, y todos ellos sin excepción estaban gobernados desde tiempo inmemorial por el tiránico clan del lobo, que les imponía férreas normas y terribles castigos y los aterrorizaba con sus frecuentes cacerías. El clan del lobo no toleraba más criterio que el suyo, se reservaba las mejores presas y los mejores espacios: los arroyos más caudalosos en verano, los refugios más abrigados en invierno, y las atalayas más altas y prominentes desde las que vigilar a sus súbditos y aullar su supremacía.
Pero un día los animales decidieron unirse para cambiar las cosas, sacudirse de encima al clan del lobo y elegir entre ellos a un nuevo rey. Durante una luna completa fue pasando la consigna de un árbol al siguiente, de un seto a otro y de cerro en cerro, sin dejar de lado ni un solo manchón de monte, hasta que se hubiera enterado el último animal bosque. Los animales se reunieron en asamblea en la umbría de un enorme cerro que hacía forma como de hemiciclo. Estaban presentes todos, sin faltar ninguno, excepto el clan del lobo. Después de mucho charlar y debatir, de hacer corrillos para sondear a los demás, de opinar lo opinable y de hacer muchas cábalas, decidieron que los animales interesados en ser rey (o reina) se presentaran de dos en dos, es decir, agrupados por parejas en las que las virtudes de uno compensaran a los defectos del otro y viceversa. Así, se presentaron la grulla con el gusano, el bisonte con la araña, el petirrojo con la víbora, la tortuga con el lince, el buitre con el conejo (que ya por aquel entonces se admitían parejas del mismo género), y un largo etcétera. Y tras más debates y discusiones se pasó a votar y resultó ganadora la pareja formada por la ardilla y el jabalí, quizá porque a todos los animales les convenció aquella combinación de inteligencia y gracia de la ardilla con la fuerza y la tozudez del jabalí.
En el clan del lobo se enteraron a la mañana siguiente, cuando ya todo estaba hecho, y bajaron del cerro donde tenían sus reales con los belfos amenazantes y las orejas replegadas, listos a dar una lección a los rebeldes, pero en lugar de animales aislados y temerosos, como solía, se encontraron a una compacta falange dispuesta presentar batalla. La refriega fue violenta y, antes de retirarse, el clan del lobo dejó profundas marcas en más de uno, pero al final no les quedó más remedio que retirarse con el rabo entre las piernas y dejar el campo libre a los nuevos monarcas.
Los animales se sentían felices con su nuevo estatus y celebraron por todo lo alto tan señalado acontecimiento: el inicio de una nueva era. Habían decidido, además, para no caer en la dinámica del pasado, que al cabo de varias lunas, cuando los ánimos y las ideas se fueran agotando, la pareja elegida pondría su cargo a disposición del respetable, para renovarse y que otros aportaran también sus talentos.
La ardilla pronto se reveló como un excelente gobernante, velando sobre todo por los derechos de los más débiles. Pero el caso fue que al poco tiempo de la elección, los acontecimientos empezaron a torcerse porque la ardilla apareció muerta en un alejado rincón, bajo la agradecida sombra de un alcornoque. Nunca se llegó a esclarecer aquella muerte, cuya versión oficial fue por hipertensión producida por un exceso de responsabilidad, ya que las ardillas, como bien sabemos todos, son animales de vida corta y ajetreada, propensos a los sustos y a las anginas de pecho. Sin embargo, algunos suspicaces lograron ver el cuerpo de la ardilla, que presentaba numerosas incisiones cortopunzantes en tronco, cabeza y extremidades. Pensaron mal del jabalí, pero no se atrevieron a decir nada porque los colmillos grandes y retorcidos de aquel les inspiraron cierto temor.
El jabalí reunió nuevamente a los animales del bosque, con lágrimas en los ojos les habló de su pesar por la muerte de la reina ardilla y les pidió un voto de confianza para finalizar su legislatura, asumiendo en solitario las funciones de rey, sin consorte, pero se buscó, eso sí, para que lo asesorase, nada más y nada menos que a maese raposo, el del jopo peludo, que tenía fama de astuto y versado en leyes, en especial las entonces conocidas como “leyes del embudo”, que aplicaba con frecuencia en todo lo que a sí mismo se refería. Los animales, que no estaban muy acostumbrados todavía a vivir en democracia y sentían aún próximos los tiempos del clan de lobo, pusieron al mal tiempo buena cara y decidieron seguir adelante con su proyecto de bosque para todos, a la espera de las nuevas elecciones.
Pero el tiempo pasaba y el jabalí le fue encontrando gustillo a eso de ser rey de los animales, al trono de piedra que le habían preparado justo debajo de dos enormes encinas, tan altas ellas que sus copas se tocaban formando como una cúpula, a las taimadas alabanzas que su consejero particular, maese raposo, le susurraba al oído, a las cestas repletas de grandes bellotas dulces y sanas que algunos animales se preocupaban en regalarle (para que ya no tuviera que esforzarse él en recogerlas), a los pequeños favores (y no tan pequeños) que muchos le pedían y que él graciosamente concedía. Se fue acostumbrando el rey a que lo llamaran Jabalí con jota mayúscula, para distinguirlo del resto de los animales, a que los demás, que hasta entonces no se lo habían tomado demasiado en serio por aquello de que, aunque de refilón, no dejaba de ser pariente del hermano cochino, le mostraran respeto y lo saludaran efusivamente cuando se lo cruzaban en las soleadas avenidas de la dehesa; a recibir un pequeño tributo en especias por las preocupaciones derivadas de su cargo; a frecuentar la compañía de quienes más halagaban su oído; a poner mala cara a quienes le llevaban la contraria u opinaban diferente; a favorecer a sus más allegados y a distinguirlos entre los demás animales del bosque; a hacer la vista gorda cuando maese raposo, el del jopo, repartía mordiscos entre la concurrencia.
En resumidas cuentas, que pasaban lunas y más lunas, gavillas enteras de lunas pasaron, y se fue acostumbrando nuestro rey Jabalí a vivir, como dice el dicho, a cuerpo de rey. Se sentía más ancho que pancho, gobernando aquel bosque con su criterio, y no se decidía a dejar el reino a otro más joven, enfadándose incluso cuando el tema se mencionaba, y a más de uno tuvo que enseñarle los colmillos, cada vez más amarillos y retorcidos, para ponerlo en su sitio.
Algunos animales empezaron a pensar si no se habrían equivocado de rey y en lugar de un jabalí se les habría colado un lobo disfrazado. Sin embargo, no se aventuraron a hacer nada porque aún recordaban la violenta batalla con los lobos, ni siquiera lo comentaron entre ellos porque un clima de desconfianza se había ido instalando en la dehesa, nadie se fiaba de nadie ni, por supuesto, se atrevía a hablar mal del Jabalí por temor a que algún vecino chivato lo delatase.
Y así están las cosas a día de hoy. El rey Jabalí lleva décadas reinando en la dehesa, dispensando favores entre sus súbditos y dando y quitando cargos a sus colaboradores y palmeros, que se atribulan en un sinvivir. De los días de la ardilla ya nadie se acuerda. Los animales se acomodaron a la tiranía del rey Jabalí. Total, suele pregonar el zorro, si nos gobernase otro rey vaya usted a saber si nos haría tantos favores como este. Qué razón tiene, piensan quienes lo escuchan, que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

Santa Marta sigue en pie de lucha

El Diario CoLatino, en su edición digital del sábado 16 de julio de 2011, saca una noticia sobre la falta de compromiso de la fiscalía de la República de El Salvador en los casos de amenazas a y asesinatos de líderes comunales y periodistas comprometidos con la lucha ambientalista  frente a las compañías mineras extranjeras que operan en el departamento de Cabañas. Y precisamente son pobladores de Santa Marta, comunidad en resistencia desde el mismo día de su fundación, el 10 de octubre de 1987, quienes deben afrontar  vez más la amenaza de “los malos”.

La noticia puede leerse, completa, en el siguiente link:
http://www.diariocolatino.com/es/20110716/nacionales/94567/Acusan-a-fiscal-de-“omitir”-investigaciones-en-amenazas-y-asesinatos-en-Cabañas.htm

Feria del Libro de Madrid

El miércoles 1 de junio de 2011, a las 13,00 h, habrá una acto de presentación de los Premios Universidad Complutense 2011, organizado por la UCM y Escritores Complutenses 2.0.

La idea es presentar las obras ganadoras y que pueda desarrollarse tener un pequeño coloquio, diálogo o debate sobre la visión de la literatura actual, que vaya más allá del formato de una mera presentación que siemrpe suele un poco rollo…

Podéis ver una reseña en el siguiente link:

http://www.revistadearte.com/index.php/2011/06/02/las-claves-del-futuro-del-libro/

Premios varios

V Concurso de relatos cortos Zenobia, 2010

Con el relato El vía crucis, uno de los cuentos a los que más cariño le tengo.

http://huelvaya.es/2011/02/24/moguer-acogio-el-acto-de-entrega-del-v-premio-de-relatos-cortos-zenobia/

XI Concurso de relato corto Monturque, 2010

leyendo ante el auditorio

La autopsia de Erundina Velásquez, vino a romper una larga racha sin premios pero con algunas menciones de honor (un par de veces me quedé a las puertas de concursos con premios importantes).

Juana y Chapi amenizan la actividad

El acto de entrega, de los mejores a los que he asistido: bien organizado, amenizado por Chapi Pineda y Juana Castillo, una soprano con una voz prodigiosa, y con la alegre compañía de los otros galardonados, en especial la de Francisco Úbeda.

Francisco Úbeda lee el relato ganador
El indómito premio Saramago.

Nada, que no hay manera, con lo que a mí me gusta don José. Cuatro ediciones lleva el concurso José Saramago, de la sierra de Madrid, y en tres ocasiones he llegado a la final; pero a la final, final, y nada, que no hay tu tía: ni si quiera me ha valido lo de “a la tercera va la vencida”. Estoy igual que los holandeses con el mundial.

I Certamen de relatos Santa Cruz de Bezana, 2009

Este premio fue para La hermana Meri, la versión que había revisado Pablo. El texto estaba muy trabajado, mucho, quizá de los más curro me hayan llevado. Tampoco pude asistir al acto de entrega de premios: un día laborable y con el coche estropeado. La anécdota de este premio fue que los del jurado creyeron que era un plagio. Llevábamos leídos un montón de relatos sin demasiada calidad, me dijo alguien del jurado, y de repente aparece el tuyo: creímos que era un plagio, la verdad. Pero no, ya vieron que no, se trataba de la hermana Meri.

XII Concurso de cuentos “Villa de Murchante”, 2009

Este premio fue para Incidente en Rancho Quemado, relato basado en una anécdota de Poneto sobre la campaña electoral de las municipales del 94, algo modificado pero básicamente real. No pude ir a recoger el premio, por primera vez desde que me inicié en el mundillo de los concursos: la entrega fue un viernes y no hubo manera de arreglar el viaje, ni siquiera cogiendo un avión.

Una renuncia muy complicada: XIII Ciudad de Getafe de relato Corto

Parece mentira lo complicado que es (o que te ponen) hacer las cosas bien y renunciar a un premio. Pues eso me sucedió con este certamen. Y lo lamenté. Había enviado una colección de relatos bajo el título de Tres esquinas del mundo, uno de los relatos incluidos en la colección había sido premiado (Vassily, en el Álvarz Tendero), así que envié una carta certificada y un fax informando a los organizadores de tal eventualidad y, por tanto, retirándome del concurso puesto que ya no cumplía con una de las bases. Pues en octubre me avisan de que he obtenido del segundo premio. ¿Cómo? Vuelvo a explicarles la situación y me dicen que eso tiene que valorarlo el jurado. Yo, que me olvido del tema. Y ellos, que un mes después me informan de que, evaluados los pros y los contras ¿?, deciden concedérmelo. Y yo, que los derechos sobre la edición de la obra los tienen los del Álvarez Tendero. Y ellos: no hay problema, envíanos un número de cuenta para que te paguemos. Porque, a todo esto, ya se había sido el acto de entrega de premios, se había publicado en su web mi nombre, etc., etc. Pero pasan los meses y tampoco me ingresan el premio. Y me pregunto, ¿es una tomadura de pelo o qué?. Así que decidí renunciar al premio. Esta vez me aseguré de que recibieran la notificación: correo certificado y acuse de recibo. Aún está mi nombre en la página.

XXIII Certamen literario Álvarez Tendero, Arjona, 2009

Vassily, otro relato “no salvadoreño”, se llevó este premio. El segundo premio, que el primero fue para Alberto Rodríguez, un compañero muy ameno. La entrega de premios fue durante el pregón de las fiestas y la cena que lo siguió fue, por necesidades del “guión” a unas horas intempestivas. Manuel Cardeña, del comité organizador, fue un excelente anfitrión, a quien el relato gustó mucho.

http://www.portalarjonero.com/fallocertlitxxiii.htm

XIV Concurso de narrativa corta Villa de Guardamar, 2009

En plena fiesta de Moros y Cristianos se entregó el premio, en este caso para el relato Al final del callejón.

XII Concurso de relato corto “Elena Soriano”, 2008

Aquí vine a enterarme, con El Charlatán, de la figura y obra de Elena Soriano. En Suances, Santander, donde al parecer residió bastante tiempo. Su marido, que aún vive, formaba parte del jurado y cuenta de la carrera literaria de su esposa, perjudicada por la censura franquista.

Me acompañó Cris en el largo viaje al norte y aprendimos los dos la letra de The coward of the county, de Kenny Rogers. Juan Losada, vecino de Suances, obtuvo el primer premio y me contó de su tertulia literaria.

http://www.eldiariomontanes.es/20080914/cultura/literatura/juan-losada-gana-concurso-20080914.html

XIX Certamen de literatura Ategua Primavera, 2008

Convoca el IES Ategua, de Castro del Rio, Cordoba, en plena zona olivarera. El premio fue para La tela de araña, un relato de final duro que gustó al jurado. El día que se entregó el premio estaban retransmitiendo la Eurocopa de naciones, y mientras esperaba a que fuese la hora, estuve viendo en un bar la primera parte del Alemania=Turquía. Hacía un calor del diablo.

IV Certamen de relato breve Gerald Brenan, 2008

Por fin un premio importante, que fue para el relato Más acá de los sueños, uno de los pocos relatos “no salvadoreños” que tenía escritos por entonces. Según el jurado, la obra contenía “dosis, magia y sensibilidad”, así como un “excelente pulso y ritmo narrativos”.

A la entrega del premio me acompañó Pablo, casi coautor del relato. Pasamos una velada excelente en Alhaurín el Grande gracias a Íñigo, que nos enseñó el pueblo nos recomendó algunas joyas turísticas de la zona. Casualmente, conocía el ambiente Cha y los bloques de la Marina.

http://www.diariosur.es/20080112/interior/certamen-relatos-recibe-doble-20080112.html

XIII Certamen de Villarrubia de los Ojos, 2007

El relato “En el almacén” obtuvo el 2º premio. A la entrega fui solo. Un viaje por carreteras secundarias, a través de páramos resecos y casi despoblados de Badajoz, Córdoba y Ciudad Real. Villarrubia estaba en fiestas y los galardones los entregaron en intermedios de actuaciones musicales.

XII Concurso Todos somos diferentes, 2007

El relato premiado fue “Tres días de marzo”, que está basado en los recuerdos de Fil sobre la huida y el cruce de la frontera. El concurso incluía 3 categorías: cuento, relato hiperbreve y fotografía, y lo convocaba la Fundación de derechos civiles. La ceremonia de entrega fue muy bonita. Un grupo de teatro hizo una lectura dramatizada de los cuentos premiados. También entragaron un libro con una buena selección de las obras presentadas a las tres categorías.

VII Concurso de relatos “Leopoldo Alas”, de Quintes, 2007

Recogiendo el galardón

Fue premiado El sacador dechaparro, según el acta del jurado “por su fuerza narrativa y brillantes imágenes”. Nos trataron estupendamente, a premiados y acompañantes, alojándonos en La casona de Quintes, una casa rural preciosa y muy bien situada, y estuvieron muy pendientes de nosotros. Amelia, del comité organizador, fnos dio una clase muy divertida sobre la historia del concurso y algunas anécdotas de las distintas ediciones.

Hay un link de la noticia publicada en El Comercio digital:

http://www.elcomerciodigital.com/prensa/20070617/concejos/relato-enviado-desde-badajoz_20070617.html

XVIII Premio Unicaja-Juan José Relosillas de Relatos. 2007

Fue premiado el relato “El novenario” al que le tenía (y le tengo) mucho cariño. Está basado en un asesinato que hubo en Santa Marta, El Salvador, al poco de finalizar la guerra y rescata a Maclovio como narrador. Me acompañó Fil. El acto de entrega fue muy frío y algunos de los premiados (se entregaban conjuntamente los premios de la 17º y 18º ediciones), un poco estirados.

XIII Premio de relatos “Ciudad de Peñíscola”. 2007

El relato “El chaneque” obtuvo un áccesit. Había un primer premio, un segundo y varios áccesit. Era interesante la organización porque, en teoría, todos llegábamos allí sin conocer al ganador, sabiendo únicamente que éramos finalistas. Pero digo “en teoría” porque quien obtuvo el primer premio venía ya preparado para ello.

Fue una actividad divertida. Me acompañó Pablo y después Suso, que nos recogió en Valencia, se sumó a la comitiva. No es que hubiera mucha tertulia y confraternización con el resto de premiados, pero nos pegamos un atracón a tortilla de patatas que sólo por eso valió la pena asistir.

IV Certamen literario de relato breve “Alfonso Martínez-Mena”, 2004

Enero de 2004. Había escrito algunos relatos sobre la realidad que viví en Centro América, simplemente por pasar el rato y rescatar del olvido algunas historias que daban vueltas en mi cabeza y se negaban a abandonarla.

Este fue el primer certamen al que me presenté, con el relato “Magda”, y obtuve el segundo premio, que de alguna forma me dio ánimo para continuar escribiendo y tomarme un poco más en serio la vocación literaria.

La campiña desde mi terraza

La campiña está apaciguada, vestida con los remiendos del otoño, amarillos de los rastrojos, marrones de los labrantíos y algún sembrado nacido donde apuntan tímidamente los verdes. Los caminos solitarios, los cortijos reformados con las subvenciones, la sierra al fondo, como una ola azulada que se alza sobre la llanura, y adornando el cielo unos cirros de paisaje holandés. Los tractores levantan nubes de polvo que atraviesa el sol oblicuo y derivan perezosas hacia al oeste, a impulsos de alguna mínima brisa que apenas se percibe, o quizá las aleje el simple movimiento del planeta.

Bordando la memoria

Navegando por internet he encontrado una noticia evocadora de recuerdos. Se refiere a al campemento de refugiados Colomoncagua, donde llegué en enero del 89, el año del retorno. Cuando me marché de allí, algunas mujeres me obsequieron con mantitas primorosamente bordadas. Aún conservo alguna. La noticia dice así:

El Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán (MUNA), de El Salvador, ha organizado la exposición temporal “Bordando la memoria… Colomoncagua… 1980/1989“, que estará abierta hasta el 25 de enero de 2010, en conmemoración de la firma de los Acuerdos de Paz, que se llevó a cabo el 16 de enero de 1992. La muestra está compuesta por 18 bordados elaborados entre 1980 y 1989 por niñas y mujeres salvadoreñas refugiadas en Colomoncagua, Honduras. Cada bordado refleja aspectos peculiares de cada una de las autoras y cómo ellas veían el conflicto y su exilio a través de sus bordados. Cuando fueron repatriadas a El Salvador, feneció su arte.

Un país cautivador

El Salvador es un país con capacidad para cautivar, aunque sus sutiles encantos puedan pasar desapercibidos a primera vista.
La belleza natural de El Salvador hace que su historia de conflictos armados parezca mucho más trágica. Hay pocas personas en este país cuyas vidas no se hayan visto afectadas por una de las guerras civiles más largas y sangrientas del pasado siglo. Nunca se sabrá cuántas personas perdieron la vida, aunque se estima que sobrepasan los 100.000. Cinco siglos ininterrumpidos de corrupción y explotación desataron en este pacífico lugar una ola de violencia que conmocionó al mundo en la década de 1980.

Guía turística Fodor’s para América Central

La casa verde (Mario Vargas Llosa)

Ahora que ha recibido el premio nobel es un buen momento para acordarse de esta novela, no sólo la mejor del autor, en mi humilde opinión, claro, sino una de las mejores novelas de la literatura castellana. Un puzzle desordenado y magistral donde una multitud de personajes nos cuentan historias cruzadas en el tiempo y en el espacio, donde, por cruzarse, hasta se cruzan las conversaciones. Uno, en un principio, se siente perdido en medio de esa selva de piezas y personajes, de espacios, ambientes y tiempos, sin saber adónde mirar ni a qué hilo aferrarse para poder seguir las distintas tramas, hasta que te empiezas a ubicar, a identificar a cada cual, a la Selvática, a Fushía, a los inconquistbles, a Lituma, etc., y a disfrutar de la escritura.

Sólo me embrocaba a llorar

“Me llamo Rufina Amaya, nací en el cantón La Guacamaya, del caserío El Mozote. El once de diciembre del año 1981 llegaron una gran cantidad de soldados del ejército. Entraron como a las seis de la tarde y nos encerraron. A otros los sacaron de las casas y los tendieron en las calles boca abajo, incluso a los niños, y les quitaron todo: los collares, el dinero. A las siete de la noche nos volvieron a sacar y comenzaron a matar a algunas personas. A las cinco de la mañana pusiseron en la plaza una fila de mujeres y otra de hombres, frente a la casa de Alfredo Márquez. Así nos tuvieron en la calle hasta las siete. Los niños lloraban de hambre y de frío porque no andábamos con qué cobijarnos…”

Así comienza el testimonio de Rufina Amaya, sobreviviente de la masacre de El Mozote, recogida en el libro “Luciérnagas en El Mozote”, escrito por Mark Donner y Carlos Enríquez Consalvi, Ediciones Museo de la palabra, 1996.

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