Feeds:
Comentarios

Archive for the ‘Textos breves’ Category

Javier Segura es uno de los difuntos más queridos de Carmela, uno de los que con más insistencia pugnan por hacerse presente en su pensamiento, aunque no hubiese tenido con él, en vida, más que un contacto ocasional. Pero la atormenta la intervención  que tuvo en su muerte; indirecta y fortuita, ciertamente, pero lo que hizo y dijo aquel fatídico día fue, sin duda, un hilo más en la telaraña con que lo atrapó la fatalidad.

El episodio tuvo lugar durante el tiempo que pasó en el extranjero. Después de la pérdida de su padre y sin tener más motivo que la inexplicable necesidad y el apremiante deseo de perderse de todo y de todos, Carmela había pedido una excedencia en el trabajo y conseguido un puesto de voluntaria en una oenegé. Con un par de breves charlas por toda preparación, la enviaron a colaborar en un proyecto de educación rural que incluía, entre otras actividades, la construcción de varias bibliotecas. Javier Segura era el arquitecto encargado de la dirección de las obras y había una de ellas, la del caserío de Azacualpa, que le estaba dando más problemas de la cuenta, de forma que no había semana que no se diera una vuelta por el lugar para ver a pie de obra el avance del trabajo. (más…)

Anuncios

Read Full Post »

Read Full Post »

Cada noche oía el sonido del tiempo, lo oía escurrirse segundo a segundo, tan despaciosos ellos, aferrados cada uno a su efímera existencia. En la oscuridad de mi cuarto escuchaba los sonidos que anunciaban el sueño. Los pasos firmes de mi padre, mi madre colocando los trastes en los tabancos de la cocina. Voces susurradas, una silla que cruje, la hamaca que se mece en el corredor. Casi podía escuchar las chupadas que mi padre le estaba dando a su cigarro, oír la brasa encenderse e inflamarse, el humo entrar y salir de los pulmones con una silbido ronco y áspero. La tos de mi hermano pequeño. Y yo acurrucada en mi cama, como un animal al acecho del silencio absoluto. Entonces abría el ventanuco pulgada a pulgada, suavemente, disolviendo con paciencia cada chirrido, y a través de él me deslizaba hacia la noche. Le chistaba quedito a los chuchos y caminaba con pasos cautelosos para no hacer ruido hasta que estaba lejos. Entonces volaba hasta ti y no le tenía miedo a la oscuridad, ni a las fieras, ni a las ánimas ni a la muerte.

Read Full Post »

¿Qué hacemos?

Una calma engañosa ha invadido el frente, como si nos hubiéramos puesto de acuerdo para darnos una tregua. Después de tantos combates sin interrupción, de tantas calamidades, por fin podemos disfrutar de un día de respiro y una comida tranquila. Tan poca cosa ayuda a levantar el espíritu. Las charlas son más animadas y los rostros reflejan un optimismo que hace tiempo no se veía.
Por la tarde descubrimos en una enramada, oculto entre la paja, a un soldado enemigo. Por gestos, nos indica que ha huido y está tratando de desertar. Es un muchacho delgaducho y pálido, con el pelo amarillo y unos ojos de un gris desteñido que nos observan con terror. Lo registramos y, como no lleva armamento ninguno, dejo de encañonarlo. Enciendo un pitillo y se lo paso. Mi gesto le ha devuelto un poco de aplomo y se permite esbozar una sonrisa, aunque mantiene una reserva desconfiada. Su uniforme no es mejor que el nuestro ni está menos sucio ni menos harapiento, y parece tan agotado y famélico como el que más.
–¿Qué hacemos con él?, pregunta un compañero.
Me desconcierta la pregunta tan simple, lanzada con una indiferencia que no parece encerrar, en su ambigüedad, aristas tan tenebrosas. ¿Qué hacemos? ¿Le damos otro cigarrillo, lo degollamos? Hay algo bestial dentro de nosotros. ¿Tan profundamente hemos enterrado la humanidad?

Read Full Post »

La niña abandona las bambalinas por la soledad del escenario y cuenta, cabizbaja, los pasos que la llevan frente al atril. En el salón resuenan murmullos de último momento, carraspeos secos, alguna voz infantil, un papel que se dobla, que se guarda. La niña tiembla por dentro mientras acomoda el violín entre el cuello y la barbilla, los inclinados ojos observan al ras el instrumento, la superficie tostada y brillante, curvilínea, con aristas y suaves dunas. Las cuerdas se fugan en perspectiva cónica hacia el otro extremo, donde la mano izquierda sujeta con firmeza el astil. Los dedos recorren las cuerdas, las reconocen, acarician sus distintivas cualidades; su naturaleza tensa y ­­­metálica le transmite la tranquilidad necesaria, la cotidiana complicidad.  La luz cenital se derrama sobre el escenario, sacando cálidos reflejos a las tablas del parqué. El pentagrama reposa en el atril como una gaviota con las alas abiertas, dispuesta a alzar el vuelo. El arco se acerca a la segunda cuerda y arranca de ella un fa sostenido, algo ronco, que acalla el salón. (más…)

Read Full Post »

Hoy nieva

Nieva. Un frío cortante golpea las mejillas y veo cómo los copos se arremolinan al capricho de un viento coscorrón, suben, bajan, hacen giros de equilibrista y finalmente caen barriendo el suelo. Los árboles y los tejados parecen desvaírse detrás de la cortina de copos. Hacia el oeste, las luces recién encendidas se pierden detrás de un horizonte próximo que lo cubre todo como si fuera papel vegetal. Más allá no hay nada, sólo una masa de color panza de burro.

Los niños ríen y gritan en la nieve con gélida alegría, bailan sus cuerpos menudos al compás de los copos. Las manos con vocación de esfera lanzan proyectiles y se desfogan de un lustro sin nieve.

Mañana vendrá el rechinar de dientes, los atascos monumentales, las placas de hielo, los coches en las cunetas, el agobio y la prisa, mañana, pero esta tarde nieva, nieva, nieva como en los campos de mi infancia.

Read Full Post »

Alguien busca una huella reciente a través de un pasado remoto y sólo encuentra cenizas; alguien escribe con el punzón sobre una tablilla guarismos que apuntan al mismo corazón del cosmos pero se quedan en rascar la superficie encerada; alguien enuncia un principio que ya estaba descubierto; alguien trabaja y se afana, alguien suda, lucha, se disuelve labrando la tierra apretada, y de cada gota caída nace una espiga de trigo.

Read Full Post »

Older Posts »

A %d blogueros les gusta esto: