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Archive for the ‘Nuestros libros’ Category

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Roque Dalton

Roque Dalton, ensayista, periodista, activista político e intelectual salvadoreño, pero, sobre todo, poeta, gran poeta. Murió a los 40 años de edad, asesinado en el año 1975. Entre su obra, destacan Taberna y otros lugares, Los testimonios o Las historias prohibidas del Pulgarcito. El “Pulgarcito” es su país, El Salvador, el pulgarcito de América. Un poema suyo, uno entre tantos:

La vida paga sus cuentas con tu sangre
y tú sigues creyendo que eres un ruiseñor.
Cógele el cuello de una vez, desnúdala,
túmbala y haz en ella tu pelea de fuego,
rellénale la tripa majestuosa, préñala,
ponla a parir cien años por el corazón.
Pero con lindo modo, hermano,
con un gesto
propicio para la melancolía.

 

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El silencio blanco, del controvertido  Jack London. Un libro de cuentos que, pese al título, no siempre transcurren en el helado ártico, aunque todos se refieran a la lucha por la vida, como así lo indica el título de uno de ellos. Los relatos tienen una fuerza que salta desde las páginas del libro para dibujarnos delante de nuestros ojos, como si fueran holografías, cada una de las escenas. Este volumen, esta misma portada, me han acompañado a lo largo de los años, desde que lo compré en la Cuesta de Moyano, de Madrid, cuando las casetas eran de madera y destilaban sabor a viejo, allá por los ochenta. Ahora reposa en una estantería y siempre, indefectiblemente, de tanto en cuanto, vuelvo a sumergirme en sus apasionantes páginas para releer alguno de los relatos.

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Foto de la portada

La noche del pasado viernes 5 de mayo se presentó en la librería-café Alejandría, de Azuaga, la novela El sendero de los enebrales, escrita por Ramón Villegas Sabio. Para una localidad de las dimensiones de ésta, la asistencia a la presentación fue más que decente, cosa que, en varda, el libro se merece.

Decía un tocayo del autor, un escritor hoy pasado de moda pero que tiene muchos y muy buenos libros con que sorprendernos, Ramón J. Sénder, que es preferible la polémica viva y permanente a la fría gloria oficial. Así que la mejor manera de poner en valor esta novela no es hacer una apología glorificadora de ella, sino bajarse de la grada y meterse entre sus páginas.

No es fácil encontrar una novela grande y no digamos una perfecta. Así que un lector quisquilloso encontrará en “El sendero de los enebrales” defectos: que si esta coma, que si aquel párrafo, que si ese episodio, ese personaje, que si es la primera novela, etc., y seguramente no le faltará razón. Pero a pesar de eso, a pesar incluso de ser la primera novela, a la que uno tiene la tentación de recargar innecesariamente por si fuera también la última,  es una novela más que notable, bien escrita y con muchas virtudes. (más…)

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Poeta de toda la vida, aunque inédito hasta ahora, murciano de origen, extremeño de adopción, hincha de su equipo, amigo de sus amigos, hombre de familia, maestro de profesión y, lo que es más importante, de vocación, Antonio López Garijo nos ofrece en este su primer libro, pequeño gran libro, con la ilusión limpia y atrevida de todo lo nuevo, su alternativa, sus primeros pero firmes pasos en las aguas turbulentas de la poesía, de ese mar tan presente en sus versos el mar, mi mar, nuestro mar, nuestra playa, y que, con mano firme, ha sabido domeñar y someter a las leyes de la métrica.

(Microsoft Word - Presentaci363n Libro Azuaga.docx)

En sonetos, décimas o cuartetas, redondillas o sextetos (aunque sean imperfectos), versos de arte mayor y menor, con rima consonante, asonante o libre, la poesía de Antonio López es fruto de su conocimiento profundo de la vida y se esfuerza por ofrecer una estructura armoniosa, un lirismo humilde y sobrio, alejado de alharacas y trucos deslumbrantes, con la sencillez de la flor anónima de pétalos iguales de la que nos hablaba Gabriel y Galán. (más…)

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El corazón de las tinieblas es una novela breve de Joseph Conrad publicada en 1902 y popularizada ocho décadas después, a raíz del estreno, en 1979, de la película Apocalipse now, que está basada en ella. De hecho, algunas de las ediciones que se hicieron después ilustran la portada del libro con imágenes de la película o le añaden el subtítulo “El río” para identificarla más con ella. El tirón de la fama dio incluso para hacer una adaptación televisiva de la propia novela, en 1993, con Tim Roth y John Malkovich (adivinen quién hace de Kurtz).

Resulta, pues, casi inevitable buscar semejanzas y establecer comparaciones entre ambas, a pesar de que la película de Francis Ford Coppola es una versión libre, muy libre, de la novela: no sólo traslada la acción en el tiempo (del siglo XIX al XX) y en el espacio (de África a Vietnam), sino que toma del libro poco más que la idea de fondo, es decir, la búsqueda de un hombre, subiendo un río, a través de un territorio salvaje. Y aquí terminan las similitudes, pues en el libro de Conrad, a diferencia de la película, el protagonista no viaja al corazón de una zona de guerra para matar al temible Kurtz, sino al corazón de la selva con objeto de hacerse cargo de una barcaza que bajará marfil por el río Congo. Lo de Kurtz vendrá después. Apocalipse now, de la mano de Coppola, profundiza en los límites del ser humano y en la violencia que anida en él en una situación muy concreta: el caos de una guerra, mientras que Conrad se afana en averiguar cómo afecta la llamada de lo primitivo a un hombre civilizado, y nos presenta para ello a dos personajes en los que esta llamada tendrá resultados opuestos: mientras que Marlow, el narrador de la historia, un marino baqueano y al mismo tiempo idealista, se resiste a dejarse llevar por la fuerza de lo atávico, Kurtz, un hombre del que todos hablan pero al que apenas vislumbramos, es devorado por ella. (más…)

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mil y una historiasHa pasado casi un cuarto de siglo desde que J. I. López Vigil escribió el libro y ahí siguen las mil y una historias de la Radio Venceremos, en los estantes de las librerías, en las bibliotecas, en las escuelas, en las mochilas y bolsones, pasando de mano en mano, las más de las veces con las pastas rotas, desgastadas, con hojas perdidas, con manchas de tinta, con anotaciones y subrayados, con flores resecas entre sus páginas; pero continúan dando guerra, como los viejos roqueros, ilustrando a los más jóvenes, haciendo recordar a los que vivieron y sufrieron el conflicto, rescatando las historias de la radio clandestina, de Santiago y sus compañeros, de las interferencias del Estado Mayor, de la inútil y fatídica búsqueda del coronel Monterrosa, de la mujer que hacía las tortillas, del miliciano que daba la seguridad, de los éxitos de la Braz, de amores y desamores, de comandantes que ya no lo son… de un tiempo, en fin, pasado pero presente y de una historia que conviene recordar. Y eso he hecho yo, he rescatado el libro del estante donde dormía y he pasado unos buenos ratos perdiéndome entre sus páginas sabrosas y trepidantes, históricas ya e historiadas y, como reza en la portada, salvadoreñas y cachimbonas. Y a quienes lo tienen olvidado entre una pila de otros libros, abajo del todo, en el rincón más desordenado, en el cuarto del fondo, fungiendo de refugio de arañas y otros bichitos, los animo a recuperarlo, pasarle por encima la mopa para quitarle el polvo de varios lustros, abrirlo al azar, por cualquier página, y leer, leer, y recordar cómo éramos cuando por primera vez lo leímos.

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