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Archive for the ‘Nuestros libros’ Category

El silencio blanco, del controvertido  Jack London. Un libro de cuentos que, pese al título, no siempre transcurren en el helado ártico, aunque todos se refieran a la lucha por la vida, como así lo indica el título de uno de ellos. Los relatos tienen una fuerza que salta desde las páginas del libro para dibujarnos delante de nuestros ojos, como si fueran holografías, cada una de las escenas. Este volumen, esta misma portada, me han acompañado a lo largo de los años, desde que lo compré en la Cuesta de Moyano, de Madrid, cuando las casetas eran de madera y destilaban sabor a viejo, allá por los ochenta. Ahora reposa en una estantería y siempre, indefectiblemente, de tanto en cuanto, vuelvo a sumergirme en sus apasionantes páginas para releer alguno de los relatos.

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Foto de la portada

La noche del pasado viernes 5 de mayo se presentó en la librería-café Alejandría, de Azuaga, la novela El sendero de los enebrales, escrita por Ramón Villegas Sabio. Para una localidad de las dimensiones de ésta, la asistencia a la presentación fue más que decente, cosa que, en varda, el libro se merece.

Decía un tocayo del autor, un escritor hoy pasado de moda pero que tiene muchos y muy buenos libros con que sorprendernos, Ramón J. Sénder, que es preferible la polémica viva y permanente a la fría gloria oficial. Así que la mejor manera de poner en valor esta novela no es hacer una apología glorificadora de ella, sino bajarse de la grada y meterse entre sus páginas.

No es fácil encontrar una novela grande y no digamos una perfecta. Así que un lector quisquilloso encontrará en “El sendero de los enebrales” defectos: que si esta coma, que si aquel párrafo, que si ese episodio, ese personaje, que si es la primera novela, etc., y seguramente no le faltará razón. Pero a pesar de eso, a pesar incluso de ser la primera novela, a la que uno tiene la tentación de recargar innecesariamente por si fuera también la última,  es una novela más que notable, bien escrita y con muchas virtudes. (más…)

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Poeta de toda la vida, aunque inédito hasta ahora, murciano de origen, extremeño de adopción, hincha de su equipo, amigo de sus amigos, hombre de familia, maestro de profesión y, lo que es más importante, de vocación, Antonio López Garijo nos ofrece en este su primer libro, pequeño gran libro, con la ilusión limpia y atrevida de todo lo nuevo, su alternativa, sus primeros pero firmes pasos en las aguas turbulentas de la poesía, de ese mar tan presente en sus versos el mar, mi mar, nuestro mar, nuestra playa, y que, con mano firme, ha sabido domeñar y someter a las leyes de la métrica.

(Microsoft Word - Presentaci363n Libro Azuaga.docx)

En sonetos, décimas o cuartetas, redondillas o sextetos (aunque sean imperfectos), versos de arte mayor y menor, con rima consonante, asonante o libre, la poesía de Antonio López es fruto de su conocimiento profundo de la vida y se esfuerza por ofrecer una estructura armoniosa, un lirismo humilde y sobrio, alejado de alharacas y trucos deslumbrantes, con la sencillez de la flor anónima de pétalos iguales de la que nos hablaba Gabriel y Galán. (más…)

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El corazón de las tinieblas es una novela breve de Joseph Conrad publicada en 1902 y popularizada ocho décadas después, a raíz del estreno, en 1979, de la película Apocalipse now, que está basada en ella. De hecho, algunas de las ediciones que se hicieron después ilustran la portada del libro con imágenes de la película o le añaden el subtítulo “El río” para identificarla más con ella. El tirón de la fama dio incluso para hacer una adaptación televisiva de la propia novela, en 1993, con Tim Roth y John Malkovich (adivinen quién hace de Kurtz).

Resulta, pues, casi inevitable buscar semejanzas y establecer comparaciones entre ambas, a pesar de que la película de Francis Ford Coppola es una versión libre, muy libre, de la novela: no sólo traslada la acción en el tiempo (del siglo XIX al XX) y en el espacio (de África a Vietnam), sino que toma del libro poco más que la idea de fondo, es decir, la búsqueda de un hombre, subiendo un río, a través de un territorio salvaje. Y aquí terminan las similitudes, pues en el libro de Conrad, a diferencia de la película, el protagonista no viaja al corazón de una zona de guerra para matar al temible Kurtz, sino al corazón de la selva con objeto de hacerse cargo de una barcaza que bajará marfil por el río Congo. Lo de Kurtz vendrá después. Apocalipse now, de la mano de Coppola, profundiza en los límites del ser humano y en la violencia que anida en él en una situación muy concreta: el caos de una guerra, mientras que Conrad se afana en averiguar cómo afecta la llamada de lo primitivo a un hombre civilizado, y nos presenta para ello a dos personajes en los que esta llamada tendrá resultados opuestos: mientras que Marlow, el narrador de la historia, un marino baqueano y al mismo tiempo idealista, se resiste a dejarse llevar por la fuerza de lo atávico, Kurtz, un hombre del que todos hablan pero al que apenas vislumbramos, es devorado por ella. (más…)

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mil y una historiasHa pasado casi un cuarto de siglo desde que J. I. López Vigil escribió el libro y ahí siguen las mil y una historias de la Radio Venceremos, en los estantes de las librerías, en las bibliotecas, en las escuelas, en las mochilas y bolsones, pasando de mano en mano, las más de las veces con las pastas rotas, desgastadas, con hojas perdidas, con manchas de tinta, con anotaciones y subrayados, con flores resecas entre sus páginas; pero continúan dando guerra, como los viejos roqueros, ilustrando a los más jóvenes, haciendo recordar a los que vivieron y sufrieron el conflicto, rescatando las historias de la radio clandestina, de Santiago y sus compañeros, de las interferencias del Estado Mayor, de la inútil y fatídica búsqueda del coronel Monterrosa, de la mujer que hacía las tortillas, del miliciano que daba la seguridad, de los éxitos de la Braz, de amores y desamores, de comandantes que ya no lo son… de un tiempo, en fin, pasado pero presente y de una historia que conviene recordar. Y eso he hecho yo, he rescatado el libro del estante donde dormía y he pasado unos buenos ratos perdiéndome entre sus páginas sabrosas y trepidantes, históricas ya e historiadas y, como reza en la portada, salvadoreñas y cachimbonas. Y a quienes lo tienen olvidado entre una pila de otros libros, abajo del todo, en el rincón más desordenado, en el cuarto del fondo, fungiendo de refugio de arañas y otros bichitos, los animo a recuperarlo, pasarle por encima la mopa para quitarle el polvo de varios lustros, abrirlo al azar, por cualquier página, y leer, leer, y recordar cómo éramos cuando por primera vez lo leímos.

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Lucha por la vida

Ni las profecías de Nostradamus ni los libros de Julio Verne ni el futurista “1984” de George Orwell: para acertadas, las conjeturas de Pío Baroja en “Lucha por la vida”

El libro consta de tres partes, no demasiado largas: La Busca, Mala Hierba y Aurora Roja. A pesar de haber sido escrita hace algo más de un siglo, es una de esas obras que continúan siendo de una clarividente actualidad, en especial atendiendo a los momentos tan convulsos que nos está tocando vivir.
El autor posa su mirada sagaz y objetiva sobre un mundo de desheredados, de seres marginales y periféricos personificados en un grupo de adolescentes perdidos en la búsqueda de su camino en la vida. Y dando color a esta trama, Pío Baroja nos presenta una instantánea del Madrid del nuevo siglo (el XX) que nace convulso –como este de ahora–, con luchas de clases, debate social, movimientos obreros, anarquistas de viejo cuño e incluso nos pinta el despertar del movimiento feminista, poniendo en boca de Salvadora, la protagonista femenina, unas palabras absolutamente premonitorias, que me permito citar:
«—Soy […] casi, casi, libertaria; y no es por mí precisamente; pero me indigna que el Gobierno, el Estado o quien sea, no sirva más que para proteger a los ricos contra los pobres, a los hombre contra las mujeres, y a los hombre y a las mujeres contra los chicos.
—Si, en eso tiene usted razón —dijo Roberto—. Es el aspecto más repugnante de nuestra sociedad es ése; el que se encarnice con los débiles, con las mujeres, con los niños, y que, en cambio, respete todas las formas de la bravuconería y todas las formas del poder.
—Yo, cuando leo esos crímenes —siguió diciendo la Salvadora—, en que los hombres matan a una mujer, y luego se los perdona, porque han llorado, me da una ira…
—Sí ; qué quiere usted? Es el jurado sentimental, que va a la Audiencia como quien va al teatro. Así le condenan a veinte años a presidio a un falsificador y dejan libre a un asesino.
—¿Y por qué las mujeres no habían de ser jurados? —preguntó la Salvadora.
—Sería peor; se mostrarían seguramente, más crueles para ellas mismas.
—¿Cree usted?
—Para mí es seguro.
—La pena debía ser —dijo Manuel— menor para la mujer que para el hombre; menor para el que no sabe que para el que sabe
—A mi me parece lo mismo —añadió la Salvadora.
—Y a mí también —repuso Roberto.
—Eso es lo que debía modificarse —siguió diciendo Manuel—las leyes, el Código. Porque eso de que haya república o monarquía o Congreso bastante nos importa a nosotros. Por qué, por ejemplo, han de poner en el Registro civil si un niño es legítimo o no. Que le apunten, y nada más.
—Pues eso se va consiguiendo poco a poco —replicó Roberto
— Se van haciendo liquidaciones parciales, y las leyes cambian. En España, todavía, no; pero vendrán esas modificaciones, y vendrán mejor, ¡créelo!»

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Ha caído en el olvido Gonzalo Torrente Ballester, don Gonzalo. Lejos queda el gran éxito que tuvo su trilogía Los gozos y las sombras, llevada a la televisión en forma de serie, la excelente crítica de La saga/fuga de JB o la Crónica del rey pasmado, que fue llevada al cine y obtuvo ocho premios Goya. Fuera de estos libros, su obra es poco conocida. ¿Quién ha leído Off-sideLa isla de los jacintos cortados o Filomeno a mi pesar, que, por cierto, recibió el premio Planeta? Y si don Gonzalo ha caído en un olvido mediático y editorial (cada vez es más difícil encontrar sus títulos en las librerías), no digamos sus novelas menos conocidas.

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Por eso quiero dedicar este comentario a una de ellas. Una novela que, fuera de un reducido círculo de apasionados de su obra, a nadie he oído mencionar. Se trata de Quizá nos lleve el viento al infinito. Alguna vez, hablando de literatura con amigos, compañeros o contertulios, he preguntado sobre ella y la respuesta, aunque variable, podría resumirse en un sorprendido: ni idea.

Pero yo, infatigable en mi labor divulgativa, la recomiendo. Hace poco, una de mis hijas me pidió que le dejase algo para leer. Como ese día estaba nostálgico, rebusqué entre las estanterías donde almaceno los libros más viejos hasta encontrar el ejemplar que conservo, en formato bolsillo, algo estropeado por el uso, y se lo di: a ver que te parece este. Y para mi sorpresa, le encantó. Y es que la buena literatura permanece aunque las generaciones cambien.

Quizá nos lleve el viento al infinito es una pequeña joya, un libro atípico incluso dentro de la variopinta bibliografía de su autor. A primera vista, se trata de una novela sobre la guerra fría −de la que se burla con sutil sarcasmo−, en pleno auge de la amenaza nuclear y el teléfono rojo, pero en un escenario de agentes secretos, organizaciones militares y telón de acero, se desarrolla una historia de amor imposible o, como le gustaba decir a don Gonzalo, inverosímil. Los protagonistas de esta historia no pueden ser más opuestos, pues se ubican, no ya en ambos extremos del espectro humano, sino en puntos opuestos de la propia ficción literaria. Y sin embargo, se enamoran. Quizá nos lleve el viento al infinito lleva a su máxima expresión, de manera muy hermosa, sin grandes pretensiones ni romanticismos empalagosos, el dicho de que, en el amor, los extremos se tocan y los contrarios se complementan: si dos seres como los protagonistas de esta historia pueden enamorarse, es que el amor, en verdad, no tiene límites.

Para finalizar, no obstante, una advertencia: el libro tiene trampa. Consciente quizá don Gonzalo del valor de la joya que estaba creando, quiso ocultarla de miradas indiscretas y lectores impacientes, de esos que necesitan engancharse a la historia desde la página uno, y, antes de penetrar en la verdadero corazón de la novela, presenta al lector una curiosa prueba de confianza: las primeras cincuenta páginas son, de entrada, casi incomprensibles, sólo la fe en el autor y la aspiración por alcanzar el tesoro prometido nos animarán a continuar.

Que ustedes lo disfruten.

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