Premios varios

V Concurso de relatos cortos Zenobia, 2010

Con el relato El vía crucis, uno de los cuentos a los que más cariño le tengo.

http://huelvaya.es/2011/02/24/moguer-acogio-el-acto-de-entrega-del-v-premio-de-relatos-cortos-zenobia/

XI Concurso de relato corto Monturque, 2010

leyendo ante el auditorio

La autopsia de Erundina Velásquez, vino a romper una larga racha sin premios pero con algunas menciones de honor (un par de veces me quedé a las puertas de concursos con premios importantes).

Juana y Chapi amenizan la actividad

El acto de entrega, de los mejores a los que he asistido: bien organizado, amenizado por Chapi Pineda y Juana Castillo, una soprano con una voz prodigiosa, y con la alegre compañía de los otros galardonados, en especial la de Francisco Úbeda.

Francisco Úbeda lee el relato ganador
El indómito premio Saramago.

Nada, que no hay manera, con lo que a mí me gusta don José. Cuatro ediciones lleva el concurso José Saramago, de la sierra de Madrid, y en tres ocasiones he llegado a la final; pero a la final, final, y nada, que no hay tu tía: ni si quiera me ha valido lo de “a la tercera va la vencida”. Estoy igual que los holandeses con el mundial.

I Certamen de relatos Santa Cruz de Bezana, 2009

Este premio fue para La hermana Meri, la versión que había revisado Pablo. El texto estaba muy trabajado, mucho, quizá de los más curro me hayan llevado. Tampoco pude asistir al acto de entrega de premios: un día laborable y con el coche estropeado. La anécdota de este premio fue que los del jurado creyeron que era un plagio. Llevábamos leídos un montón de relatos sin demasiada calidad, me dijo alguien del jurado, y de repente aparece el tuyo: creímos que era un plagio, la verdad. Pero no, ya vieron que no, se trataba de la hermana Meri.

XII Concurso de cuentos “Villa de Murchante”, 2009

Este premio fue para Incidente en Rancho Quemado, relato basado en una anécdota de Poneto sobre la campaña electoral de las municipales del 94, algo modificado pero básicamente real. No pude ir a recoger el premio, por primera vez desde que me inicié en el mundillo de los concursos: la entrega fue un viernes y no hubo manera de arreglar el viaje, ni siquiera cogiendo un avión.

Una renuncia muy complicada: XIII Ciudad de Getafe de relato Corto

Parece mentira lo complicado que es (o que te ponen) hacer las cosas bien y renunciar a un premio. Pues eso me sucedió con este certamen. Y lo lamenté. Había enviado una colección de relatos bajo el título de Tres esquinas del mundo, uno de los relatos incluidos en la colección había sido premiado (Vassily, en el Álvarz Tendero), así que envié una carta certificada y un fax informando a los organizadores de tal eventualidad y, por tanto, retirándome del concurso puesto que ya no cumplía con una de las bases. Pues en octubre me avisan de que he obtenido del segundo premio. ¿Cómo? Vuelvo a explicarles la situación y me dicen que eso tiene que valorarlo el jurado. Yo, que me olvido del tema. Y ellos, que un mes después me informan de que, evaluados los pros y los contras ¿?, deciden concedérmelo. Y yo, que los derechos sobre la edición de la obra los tienen los del Álvarez Tendero. Y ellos: no hay problema, envíanos un número de cuenta para que te paguemos. Porque, a todo esto, ya se había sido el acto de entrega de premios, se había publicado en su web mi nombre, etc., etc. Pero pasan los meses y tampoco me ingresan el premio. Y me pregunto, ¿es una tomadura de pelo o qué?. Así que decidí renunciar al premio. Esta vez me aseguré de que recibieran la notificación: correo certificado y acuse de recibo. Aún está mi nombre en la página.

XXIII Certamen literario Álvarez Tendero, Arjona, 2009

Vassily, otro relato “no salvadoreño”, se llevó este premio. El segundo premio, que el primero fue para Alberto Rodríguez, un compañero muy ameno. La entrega de premios fue durante el pregón de las fiestas y la cena que lo siguió fue, por necesidades del “guión” a unas horas intempestivas. Manuel Cardeña, del comité organizador, fue un excelente anfitrión, a quien el relato gustó mucho.

http://www.portalarjonero.com/fallocertlitxxiii.htm

XIV Concurso de narrativa corta Villa de Guardamar, 2009

En plena fiesta de Moros y Cristianos se entregó el premio, en este caso para el relato Al final del callejón.

XII Concurso de relato corto “Elena Soriano”, 2008

Aquí vine a enterarme, con El Charlatán, de la figura y obra de Elena Soriano. En Suances, Santander, donde al parecer residió bastante tiempo. Su marido, que aún vive, formaba parte del jurado y cuenta de la carrera literaria de su esposa, perjudicada por la censura franquista.

Me acompañó Cris en el largo viaje al norte y aprendimos los dos la letra de The coward of the county, de Kenny Rogers. Juan Losada, vecino de Suances, obtuvo el primer premio y me contó de su tertulia literaria.

http://www.eldiariomontanes.es/20080914/cultura/literatura/juan-losada-gana-concurso-20080914.html

XIX Certamen de literatura Ategua Primavera, 2008

Convoca el IES Ategua, de Castro del Rio, Cordoba, en plena zona olivarera. El premio fue para La tela de araña, un relato de final duro que gustó al jurado. El día que se entregó el premio estaban retransmitiendo la Eurocopa de naciones, y mientras esperaba a que fuese la hora, estuve viendo en un bar la primera parte del Alemania=Turquía. Hacía un calor del diablo.

IV Certamen de relato breve Gerald Brenan, 2008

Por fin un premio importante, que fue para el relato Más acá de los sueños, uno de los pocos relatos “no salvadoreños” que tenía escritos por entonces. Según el jurado, la obra contenía “dosis, magia y sensibilidad”, así como un “excelente pulso y ritmo narrativos”.

A la entrega del premio me acompañó Pablo, casi coautor del relato. Pasamos una velada excelente en Alhaurín el Grande gracias a Íñigo, que nos enseñó el pueblo nos recomendó algunas joyas turísticas de la zona. Casualmente, conocía el ambiente Cha y los bloques de la Marina.

http://www.diariosur.es/20080112/interior/certamen-relatos-recibe-doble-20080112.html

XIII Certamen de Villarrubia de los Ojos, 2007

El relato “En el almacén” obtuvo el 2º premio. A la entrega fui solo. Un viaje por carreteras secundarias, a través de páramos resecos y casi despoblados de Badajoz, Córdoba y Ciudad Real. Villarrubia estaba en fiestas y los galardones los entregaron en intermedios de actuaciones musicales.

XII Concurso Todos somos diferentes, 2007

El relato premiado fue “Tres días de marzo”, que está basado en los recuerdos de Fil sobre la huida y el cruce de la frontera. El concurso incluía 3 categorías: cuento, relato hiperbreve y fotografía, y lo convocaba la Fundación de derechos civiles. La ceremonia de entrega fue muy bonita. Un grupo de teatro hizo una lectura dramatizada de los cuentos premiados. También entragaron un libro con una buena selección de las obras presentadas a las tres categorías.

VII Concurso de relatos “Leopoldo Alas”, de Quintes, 2007

Recogiendo el galardón

Fue premiado El sacador dechaparro, según el acta del jurado “por su fuerza narrativa y brillantes imágenes”. Nos trataron estupendamente, a premiados y acompañantes, alojándonos en La casona de Quintes, una casa rural preciosa y muy bien situada, y estuvieron muy pendientes de nosotros. Amelia, del comité organizador, fnos dio una clase muy divertida sobre la historia del concurso y algunas anécdotas de las distintas ediciones.

Hay un link de la noticia publicada en El Comercio digital:

http://www.elcomerciodigital.com/prensa/20070617/concejos/relato-enviado-desde-badajoz_20070617.html

XVIII Premio Unicaja-Juan José Relosillas de Relatos. 2007

Fue premiado el relato “El novenario” al que le tenía (y le tengo) mucho cariño. Está basado en un asesinato que hubo en Santa Marta, El Salvador, al poco de finalizar la guerra y rescata a Maclovio como narrador. Me acompañó Fil. El acto de entrega fue muy frío y algunos de los premiados (se entregaban conjuntamente los premios de la 17º y 18º ediciones), un poco estirados.

XIII Premio de relatos “Ciudad de Peñíscola”. 2007

El relato “El chaneque” obtuvo un áccesit. Había un primer premio, un segundo y varios áccesit. Era interesante la organización porque, en teoría, todos llegábamos allí sin conocer al ganador, sabiendo únicamente que éramos finalistas. Pero digo “en teoría” porque quien obtuvo el primer premio venía ya preparado para ello.

Fue una actividad divertida. Me acompañó Pablo y después Suso, que nos recogió en Valencia, se sumó a la comitiva. No es que hubiera mucha tertulia y confraternización con el resto de premiados, pero nos pegamos un atracón a tortilla de patatas que sólo por eso valió la pena asistir.

IV Certamen literario de relato breve “Alfonso Martínez-Mena”, 2004

Enero de 2004. Había escrito algunos relatos sobre la realidad que viví en Centro América, simplemente por pasar el rato y rescatar del olvido algunas historias que daban vueltas en mi cabeza y se negaban a abandonarla.

Este fue el primer certamen al que me presenté, con el relato “Magda”, y obtuve el segundo premio, que de alguna forma me dio ánimo para continuar escribiendo y tomarme un poco más en serio la vocación literaria.

La campiña desde mi terraza

La campiña está apaciguada, vestida con los remiendos del otoño, amarillos de los rastrojos, marrones de los labrantíos y algún sembrado nacido donde apuntan tímidamente los verdes. Los caminos solitarios, los cortijos reformados con las subvenciones, la sierra al fondo, como una ola azulada que se alza sobre la llanura, y adornando el cielo unos cirros de paisaje holandés. Los tractores levantan nubes de polvo que atraviesa el sol oblicuo y derivan perezosas hacia al oeste, a impulsos de alguna mínima brisa que apenas se percibe, o quizá las aleje el simple movimiento del planeta.

Bordando la memoria

Navegando por internet he encontrado una noticia evocadora de recuerdos. Se refiere a al campemento de refugiados Colomoncagua, donde llegué en enero del 89, el año del retorno. Cuando me marché de allí, algunas mujeres me obsequieron con mantitas primorosamente bordadas. Aún conservo alguna. La noticia dice así:

El Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán (MUNA), de El Salvador, ha organizado la exposición temporal “Bordando la memoria… Colomoncagua… 1980/1989“, que estará abierta hasta el 25 de enero de 2010, en conmemoración de la firma de los Acuerdos de Paz, que se llevó a cabo el 16 de enero de 1992. La muestra está compuesta por 18 bordados elaborados entre 1980 y 1989 por niñas y mujeres salvadoreñas refugiadas en Colomoncagua, Honduras. Cada bordado refleja aspectos peculiares de cada una de las autoras y cómo ellas veían el conflicto y su exilio a través de sus bordados. Cuando fueron repatriadas a El Salvador, feneció su arte.

Un país cautivador

El Salvador es un país con capacidad para cautivar, aunque sus sutiles encantos puedan pasar desapercibidos a primera vista.
La belleza natural de El Salvador hace que su historia de conflictos armados parezca mucho más trágica. Hay pocas personas en este país cuyas vidas no se hayan visto afectadas por una de las guerras civiles más largas y sangrientas del pasado siglo. Nunca se sabrá cuántas personas perdieron la vida, aunque se estima que sobrepasan los 100.000. Cinco siglos ininterrumpidos de corrupción y explotación desataron en este pacífico lugar una ola de violencia que conmocionó al mundo en la década de 1980.

Guía turística Fodor’s para América Central

La casa verde (Mario Vargas Llosa)

Ahora que ha recibido el premio nobel es un buen momento para acordarse de esta novela, no sólo la mejor del autor, en mi humilde opinión, claro, sino una de las mejores novelas de la literatura castellana. Un puzzle desordenado y magistral donde una multitud de personajes nos cuentan historias cruzadas en el tiempo y en el espacio, donde, por cruzarse, hasta se cruzan las conversaciones. Uno, en un principio, se siente perdido en medio de esa selva de piezas y personajes, de espacios, ambientes y tiempos, sin saber adónde mirar ni a qué hilo aferrarse para poder seguir las distintas tramas, hasta que te empiezas a ubicar, a identificar a cada cual, a la Selvática, a Fushía, a los inconquistbles, a Lituma, etc., y a disfrutar de la escritura.

Sólo me embrocaba a llorar

“Me llamo Rufina Amaya, nací en el cantón La Guacamaya, del caserío El Mozote. El once de diciembre del año 1981 llegaron una gran cantidad de soldados del ejército. Entraron como a las seis de la tarde y nos encerraron. A otros los sacaron de las casas y los tendieron en las calles boca abajo, incluso a los niños, y les quitaron todo: los collares, el dinero. A las siete de la noche nos volvieron a sacar y comenzaron a matar a algunas personas. A las cinco de la mañana pusiseron en la plaza una fila de mujeres y otra de hombres, frente a la casa de Alfredo Márquez. Así nos tuvieron en la calle hasta las siete. Los niños lloraban de hambre y de frío porque no andábamos con qué cobijarnos…”

Así comienza el testimonio de Rufina Amaya, sobreviviente de la masacre de El Mozote, recogida en el libro “Luciérnagas en El Mozote”, escrito por Mark Donner y Carlos Enríquez Consalvi, Ediciones Museo de la palabra, 1996.

Lo mejor para el patrón

Niña Francisca Chicas, de Ita-Maura, 1994

Cuando yo estaba pequeña, mi papá trabajaba sólo para el patrón. La manzana de tierra para la milpa vaía 30 colones y si uno no tenía dinero tenía que dar la mitad de la cosecha o, en veces, más. Lo mejor del maíz, o sea las mazorcas más grandes, hasta completar dos anegas de maíz. Una anega hace 800 mazorcas de maíz. De allí tenía que dar anega y media de maicillo y doce días de compromiso, de sol a sol.
En los días de compromiso era de cercar y desyerbar. Y no lo dejaban que hicieran lo de uno primero sino que precisaba más lo del patrón. Y le decían que si no iban a hacer los días, no le volvían a dar para la milpa. Y le repartían la tierra en los cerros, en lo más feo, donde había sólo zacate. El patrón hacía donde se podía arar.
En veces amanecíamos con una tortilla. Mi mámá la tostaba y nos daba un pedacito a cada uno porque éramos 6 hijos. Los dos ellos se quedaban sin comer.
Los días de compromiso no los pagaban. Solamente daban dos tiempos de comida, a lsa 8 y a las 12. Daban frijoles y un pedacito de queso. Y a veces la tortilla no ajustaba.
La gente comenzó a organizarse de uno en uno, al ver que ya no alcanzaba pra comprar de lo básico que se utilizaba en la casa.

Recopilado en “Tiempo de recordar y tiempo de contar”

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