Algo lo despertó…


Era noche cerrada. La vela que había encendido sobre la tapa del baúl, a la cabecera de la cama, se había consumido por completo y el pábilo había naufragado en un charco de cera reseca. Aguzó el oído y percibió múltiples ruidos. El contraerse de la chapa, el canto de un batallón de grillos, el croar de las ranas y el sonido del viento eran como un rumor de fondo. Pero había otros ruidos más cercanos, inquietantes, goterones gruesos, pesados, que caían sobre el techo, el removerse de algún animal, unos resoplidos, un chillido, patitas que se movían nerviosas, que sonaban dentro de la estancia, junto a su camastro. El hombre buscó la lámpara que había dejado bajo la almohada y alumbró las paredes. El débil haz de luz, el círculo amarillento, apenas descubría las sombras grotescas de los objetos, los tablones, la estantería, la cómoda, el suelo. No había nada. Alumbró hacia el techo y vio dos grandes ratas oscuras que se movían por las costaneras que lo sostenían, las mantuvo iluminadas un rato, pero no hicieron caso, les chistó y tampoco, así que apagó el foco, se arropó con la cobija y trató de olvidar sus movimientos, sus patitas rascando la madera, y dormir.

10 Comments on “Algo lo despertó…

  1. Tu relato me traslada a los veranos de mi niñez en la casa de mi abuela, donde los cuatro primos dormíamos en una cama de matrimonio. Al apagar la luz sentíamos los correteos jubilosos de los animalillos. En el colmo del masoquismo, espolvoreábamos harina por el suelo de madera para conocer el itinerario que seguían. Colgábamos entonces el brazo por un lateral de la cama, con la mano cerca del suelo. De madrugada verificábamos la harina y comprobábamos hasta que punto se habían acercado a los dedos… Ay, niñez… con solo recordarlo se me ponen los pelos de punta. Un abrazo, Julio.

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