Tú y yo


Hay un fuego agradable con tres o cuatro troncos de encina y un brasero incandescente que irradia calor al salón. Tengo una copa de vino en la mano, tinto de la tierra, de color rojo cereza, opaco y brillante. A través del cristal veo la televisión, donde se emite un clásico del cine: Tú y yo, de Cary Crant y Deborah Kerr. La película está finalizando. Él ha entrado en su apartamento y ella lo escucha atentamente desde el sofá. La conversación parece llegar a un punto muerto y el hombre hace ademán de marcharse. A través de la copa veo como se aleja hacia la puerta, con su traje oscuro y su sombrero en la mano. De repente se detiene, hace un comentario y se vuelve. El vino corta a Cary Grant en un plano medio. La cámara enfoca a Deborah, que le contesta expectante. Su vestido, de un rojo saturado, hace juego con el color del vino. En realidad, todo es rojizo en la habitación: el sofá, el papel de las paredes, la moqueta del suelo y los labios de la mujer. Él se ha dado cuenta de algo importante -lo transmite claramente la expresión de su cara- y disimula mientras observa las paredes del pequeño apartamento, pero no encuentra lo que busca. Cruza delante de ella, hablando sin mirarla, abre la puerta de su dormitorio y se queda helado. La cámara nos muestra el rostro embelesado de un Cary Grant que mira de frente. A su espalda hay un espejo donde vemos el objeto de su atención: un cuadro. Entonces lo comprende todo. Suspira y apoya la cabeza en la puerta.

El galán, muy moreno, está en la cima de su carrera cinematográfica, cobra una barbaridad por cada papel que interpreta, tiene una vida ajetreada y hace películas como churros, pero la expresión que muestra en este momento vale por todo lo que le pagan y un poco más. No sé si la habrá ensayado doscientas veces delante del espejo o si habrá sido fruto del momento; en realidad da igual: es sencillamente sublime.

Sale de la habitación y mira a la mujer minusválida que yace en el sofá. Deborah está también a la altura de las circunstancias. Lo mira con ojos líquidos, una mirada que contiene amor, ternura y un algo más que no se puede cuantificar y que establece la diferencia entre una buena actuación y una interpretación genial. Ella habla deprisa, atropelladamente, mientras con el pañuelo le limpia las lágrimas a un Cary que se ha sentado a su lado y del que solo vemos la nuca. Él le quita gentilmente el pañuelo y seca, a su vez, las lágrimas a ella. Se besan, cambia el plano y salen los créditos.

He visto muchas películas, nuevas y viejas, galardonadas o no, pero pocas escenas me emocionan más que esta. Dejo la copa de vino sobre la mesa. La luz del salón está apagada y el fuego proyecta sombras movedizas en las paredes.

2 Comments on “Tú y yo

  1. Desde luego, dentro del genero romántico, todo un clásico cien veces imitado. Muy buena película, con un final que de absurdo, resulta encantador. Una de las mejores sin duda. Saludos

    Me gusta

A %d blogueros les gusta esto: