El nombre de la rosa


Pocas películas he visto, de las que están basadas en un libro, que me hayan resultado más interesantes que la propia obra; lo cual dice muy poco en defensa del cine y mucho en favor de la literatura que, con el uso de simples caracteres sin mayor atractivo, negro sobre blanco, y con el trabajo paciente y solitario, casi siempre, de una sola persona, es capaz de captar la complicidad del lector y llevar su imaginación más allá de las aparatosidad multicolor de la gran pantalla (o de la pantalla doméstica).

A bote pronto, me vienen a la cabeza dos películas que han logrado superar a las novelas que las concibieron: Blade runner y El nombre de la rosa. A la primera no puedo concederle tanto mérito porque el libro es, en mi humilde opinión, un serie B de literatura de ciencia ficción; sin embargo, ponerse a la altura de una novela tan compleja, elogiada (y vendida) como la de Umberto Eco, tiene su mérito.

cartel anunciador de la película
cartel anunciador de la película

Desde la primera imagen, que nos presenta un paisaje frío, gris, ventoso y desolado, Jean Jacques Annaud es capaz de trasportarnos de golpe a la remota abadía benedictina y  al propio corazón del medioevo.

En poco menos de dos horas, la película logra meternos en el hermético y misterioso ambiente de la abadía, conocer sus muchas dependencias, introducirnos en una vida llena de silencio, hipocresía y secretos, intuir las miserias, enconos y alegrías de aquel retirado grupo de monjes, conocer las diferencias entre el alto clero y el bajo clero y seguir el apasionado debate sobre si Jesucristo “era o no” poseedor de las ropas que vestía. Las imágenes de Annaud nos hacen temer y aborrecer al Santo Oficio, a sus métodos y a su severo guardián, el tenebroso e implacable Bernardo Gui; y nos llevan, a través de los laberínticos vericuetos de la biblioteca, a conocer el ingente tesoro de legajos y manuscritos que allí se custodiaban con fanático fervor y a lamentar la enorme pérdida que provoca el apocalíptico incendio final.

Un buen guión y el sagaz montaje de la cinta consiguen, modificando unos pocos elementos argumentales de la novela, como son la historia de la muchacha y el trágico fin del inquisidor, atraer nuestra atención desde el primer fotograma y desentrañar la complicada trama de la novela sin mayores dificultades.

portada de la novela
portada de la novela

Mención aparte merece la excelente caracterización de los personajes, sin la cual no podría haberse conseguido el resultado final. Cómo olvidar la esperpéntica colección de monjes que desfilan ante nuestros ojos, cuyos rostros y expresiones ayudan a dotar a la película del ambiente propicio: la fealdad de las facciones, las extravagantes tonsuras, los rasgos embrutecedores, zafios o intemperantes, que permiten al espectador leer e interpretar muchas cosas que no se explican.

Confieso que soy un enamorado de la película, que la he visto media docena de veces y que no me desagradaría volver a hacerlo, pues en cada ocasión he hallado nuevos detalles que saborear, elementos que percibir o escenas con las que entretenerme. Y desde luego, la recomiendo a quien no la haya visto aún.

9 Comments on “El nombre de la rosa

  1. He de decir que yo solamente he visto la película y confieso que también me gustó mucho, quizá sea porque soy una fan de Sean Connery. Además, me ha llamado la atención porque el año pasado, en una clase de filosofía, también nos mencionaron esta obra, aunque en este caso era el libro el que recibía muy buenas críticas. Se me olvidó aquella mención, pero ahora, recordándola y leyendo esta nueva, me han entrado ganas de leerme la novela y me veo en la obligación de apuntarla en mi lista de libros pendientes.

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  2. Yo solo leí el libro y nunca vi la película.
    Pero éste tiene escenas muy duras e impresionables que supongo que en la película no se muestran.
    ¿Me equivoco?

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