Nada


El padre pasó por el salón y vio a su hija tumbada cuán larga era en el sofá, sujetando con los dedos la punta de un largo y enredado mechón de pelo que observaba con sumo interés. Le daba la espalda a la televisión encendida donde un reality show esparcía mierda para dar y tomar.
−Si no la estás mirando, apágala −le pidió el padre sin obtener respuesta alguna.
Al cabo de una hora volvió a cruzar por aquella estancia y allí seguía su hija, con la televisión encendida y tumbada en el mismo sofá, aunque esta vez sosteniendo un libro entre las manos.
Vaya, pensó el padre, al menos está haciendo algo de provecho.
−¿Qué haces, hija? –le preguntó por corroborar la suposición.
−Busco la palabra nada.

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