relato “El prisionero”


Discurso de Luis Simón Albalá Álvarez durante el acto de entrega del XLIX Premio Lena.
Publicado en:

http://sipiluchi.blogspot.com.es/2012/04/concurso-de-cuentos-lena-2012.html

 

Sr. Concejal de Cultura, Autoridades, Miembros del Jurado, agradecido público, Sr. Alejandre:

En uno de los cuentos que no llegó a la votación final de esta edición pudimos leer lo siguiente: “Los cuentos tienen la ventaja de exigir la máxima atención en un tiempo mínimo. Son como bengalas que estallan en un instante y que te dejan exhausto y extasiado”.
Este cuento, EL PRISIONERO, reúne esas características, y lo de las bengalas que estallan comprobaremos que es más que una coincidencia.
En otro párrafo de aquel cuento, anónimo para siempre, encontrábamos unas líneas para meditar: “Soy de los que opinan que se debería leer a los poetas, y a los escritores en general, sin conocer nada de sus vidas. No porque sus vidas no tengan importancia, sino porque los poemas deben sustentarse y defenderse por sí mismos sin conocer anécdotas vitales que los han producido”.
Cuando los miembros del jurado leímos y valoramos EL PRISIONERO desconocíamos las circunstancias vitales del autor, pero al poco de abrir la plica y descubrir el nombre del ganador, Julio Alejandre Calviño, con años de inmersión en la dura realidad centroamericana de El Salvador, supimos que algo de aquel barro y de aquella sangre reales habían pasado a la ficción.

[…] EL PRISIONERO trata de la convivencia cotidiana con la muerte y con la barbarie, de la delgada línea que separa la razón del desvarío, también habla de ternura y de caridad. Habla de los dos estratos que se pueden encontrar en un campo de batalla: por un lado el de mapas, estadillos, papeles y estrategias; por otro el de los fusiles y el cuerpo a cuerpo. Habla también de la delicada frontera entre compañeros y enemigos, entre las lágrimas y las risas, y de cómo un uniforme no es mejor que otro. Algún pasaje nos recuerda Los fusilamientos del dos de Mayo.
Habla de las leyes de la guerra, y aquí queremos entender que “ley” es más una regla inexorable de la física que una norma jurídica.
Julio Alejandre presentó este relato bajo el seudónimo de Antígono. No pudo escogerlo al azar. Antígona es una conocida tragedia de Sófocles, ambientada en la antigua Grecia, en la que se contraponen dos deberes: la tradición familiar y las normas religiosas de respeto a los muertos, frente a las leyes civiles del Estado. En EL PRISIONERO también se vela a los muertos ¿como obligación, como castigo, como homenaje?
EL PRISIONERO no es una utopía, un lugar que no existe. Se desarrolla en unos lugares concretos. Tampoco es una ucronía, porque se intuye la época en la que se desarrolla la acción. Sin embargo, los personajes son anónimos, a ninguno se le reconoce por un nombre: son el oficial, el suboficial, el soldado, el prisionero. Cada oyente podrá meditar sobre de esta aparente paradoja.

Para terminar, hace unos días, aunque refiriéndose a la actualidad política asturiana, José Manuel Velasco, periodista oriundo de Parana, en este concejo, a doce o trece kilómetros de aquí, escribió en un diario regional: Las buenas historias son aquéllas cuyos protagonistas se distinguen por sus valores, los acreditan con sus acciones y son capaces de provocar emociones en la audiencia con su relato.

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