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Resultado de imagen de mesa grande repatriacion oct 87

https://www.youtube.com/watch?v=pJVPW9176Hk
Varios fueron los retornos de Mesa Grande: el primero en el año 87, el segundo en el 88 y así, poco a poco, el campamento se fue quedando vacío hasta que el último grupo abandonó el lugar en el año 92 ó 93, dejando un páramo vacío, lleno de los huecos apisonados que dejaban las champas, de callejones fantasmas y de recuerdos imborrables en diez mil cabezas.

En el enlace de arriba pueden ver una colección de fotos de una de aquellas reptriaciones.

 

 

 

Lo mejor para el patrón

Cuando yo estaba pequeña, mi papá trabajaba sólo para el patrón. La manzana de tierra para la milpa vaía 30 colones y si uno no tenía dinero tenía que dar la mitad de la cosecha o, en veces, más. Lo mejor del maíz, o sea las mazorcas más grandes, hasta completar dos anegas de maíz. Una anega hace 800 mazorcas de maíz. De allí tenía que dar anega y media de maicillo y doce días de compromiso, de sol a sol.
En los días de compromiso era de cercar y desyerbar. Y no lo dejaban que hicieran lo de uno primero sino que precisaba más lo del patrón. Y le decían que si no iban a hacer los días, no le volvían a dar para la milpa. Y le repartían la tierra en los cerros, en lo más feo, donde había sólo zacate. El patrón hacía donde se podía arar.
En veces amanecíamos con una tortilla. Mi mámá la tostaba y nos daba un pedacito a cada uno porque éramos 6 hijos. Los dos ellos se quedaban sin comer.
Los días de compromiso no los pagaban. Solamente daban dos tiempos de comida, a lsa 8 y a las 12. Daban frijoles y un pedacito de queso. Y a veces la tortilla no ajustaba.
La gente comenzó a organizarse de uno en uno, al ver que ya no alcanzaba pra comprar de lo básico que se utilizaba en la casa.

Testimonio dado por la Niña Francisca Chicas, de Ita-Maura, y recopilado en el libro “Tiempo de recordar y tiempo de contar” (publicado por el SJD “Pedro Arrupe”, San Salvador, 1994)

Una vez que hemos decidido qué agencia o editorial vamos a contactar, podemos encontrarnos con dos posibilidades:

  1. Que en la propia web, o blog, de la agencia o de la editorial se especifiquen detalladamente los pasos a seguir, en cuyo caso lo aconsejable es hacerlo tal y como se indica. En la mayoría de los casos piden el currículum literario del autor o autora, una sinopsis de la obra en cuestión y las primeras páginas o capítulos.
  2. Que no lo especifique, en cuyo caso lo conveniente es establecer un primer contacto a través de algún formulario que aparezca en la web, del correo electrónico o del correo ordinario (en este último caso es aconsejable incluir un sobre prefranqueado para “facilitar” la respuesta).

Lo aconsejable es acompañar al mensaje de una carta de presentación, el currículum literario (publicaciones anteriores, premios literarios, colaboraciones en revistas, etc.), una sinopsis de la obra y las primeras páginas o capítulos (por lo que he visto, 50 páginas sería el límite máximo). Y no olvidar incluir nuestras señas de contacto.

Por supuesto, es muy recomendable registrar la obra que hemos escrito antes de enviarla a nadie, ni lector profesional, ni agencia ni editorial.

En caso de que estén interesados en nuestra obra, la agencia o la editorial se pondrá en contacto con nosotros para pedirnos más material.

Lo normal es que tarden como mínimo un mes en ponerse en contacto con nosotros, y no es raro que tarden dos, tres o hasta seis meses en hacerlo. Por tanto, debemos tener paciencia y no desesperarnos porque no nos contesten inmediatamente. Al contrario, una respuesta inmediata o muy rápida suele ser (salvo excepciones) porque la editorial o agencia que hemos contactado pretende que paguemos en algún concepto: autoedición, coedición, compra de ejemplares, porque nos ofrezcan hacer un informe de lectura, de corrección orto-tipográfica, literaria, etc., etc.

Resultado de imagen de camión congelado

Cuando Alexei Kolodin iba a encender una hoguera bajo el motor de su camión, para descongelarlo, la mano izquierda se le quedó adherida, por efecto del intenso frío, a una barra del chasis. Ha perdido un tiempo precioso renegando y recriminándose por el nefasto descuido, hasta que la cruda realidad se ha abierto camino en su conciencia: si no consigue prender la madera de inmediato, tendrá que arrancarse la mano. Literalmente.

Saca la caja de cerillas del bolsillo del anorak, se incorpora todo lo que la estrechez del espacio le permite y se la lleva a la boca. Con la lengua empuja el cajetín deslizante hasta medio recorrido. Los ojos apenas logran enfocar los fósforos y dirigir su mano derecha para coger uno; pero enfundada como está en la manopla, carece de la precisión necesaria para conseguirlo. Tiene que desprenderse de ella y descubrir también esta mano (la otra hace rato que la ha dado por perdida). Así logra coger un fósforo y, mordiendo firmemente la cajetilla, rascarlo en el costado. Los dos primeros los rompe. El tercero consigue prenderlo, pero se le apaga antes de acercarlo a la madera. Está demasiado lejos. Lo intenta varias veces, pero una brisa inestable le impide mantener encendidas las cerillas. Ha gastado la mitad de los fósforos sin conseguir acercar la llama ni siquiera a la mitad del recorrido. Seguir leyendo »

Resultado de imagen de campamento de "mesa grande"

Artículo muy interesante, publicado por Ventura A. Alas en Insurgencia Magisterial, sobre la historia de los campamentos de refugiados salvadoreños y el segundo retorno de Mesa Grande.

Para leerlo pinchar el siguiente enlace:
Segundo retorno de Mesa Grande

1988. Frontera Honduras-El Salvador. Retorno de refugiados salvadoreños. Foto de Giovanni Palazzo publicada en elfaro.net

1988. Frontera Honduras-El Salvador. Retorno de refugiados salvadoreños. Foto de Giovanni Palazzo publicada en elfaro.net

 

refugiados colorLa comunidad Santa Marta (municipio de Victoria, Cabañas, El Salvador), tuvo la iniciativa de establecer,  a principios de los años noventa, una guardería para que las madres trabajadoras pudieran dejar en ella a sus niños y decidarse a otras tareas, como enfermeras en el centro de salud, maestas en la escuela, microempresarias o aprendices en los talleres de cerámica, cestería, etc.

Ahora, vista en retrospectiva, la “guardería”, con la simplicidad de la contrucción, los niños churretosos y pobremente vestidos y la valla de alambre porvisional para evitar el paso de animales, parece casi un campo de concentración. Pero no, era una guardería: la guardería.

En primer lugar, como es lógico, es preciso conocer las distintas agencias editoriales que operan en el país. Hay una buena cantidad de ellas y podemos encontrar un listado de ellas en distintas webs relacionadas con la literatura. A continuación os dejo el link de la UNEE (unión nacional de escritores de España), que es bastante completo, aunque algunos datos están desactualizados. En realidad, no hay ninguna web con los datos completamente actualizados, o por lo menos yo no la he encontrado.
Después debemos elegir la o las agencias a las que presentar nuestra propuesta. Este paso, desde mi punto de vista, es más importante de lo que parece puesto que el “colectivo” de las agencias editoriales es múltiple y variado.
En los listados que hay disponibles en internet, puede apreciarse en un sencillo análisis que algunas tienen página web, otras correos electrónicos de contacto y otras solamente un número de teléfono. Por otro lado, hay agencias muy importantes y conocidas, y bien establecidas, que con frecuencia son mencionadas en los medios de comunicación y tienen mucho volumen y “peso” de representaciones, mientras que otras son menos conocidas, más nuevas y con menos autores representados, o con autores menos consagrados. Ojo, con esto no quiero decir que sean peores, únicamente quiero presentar una visión global de este colectivo.
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