Entrevista en el blog “Un lector indiscreto”

Estimados seguidores de La otra literatura, esta semana os traigo una entrevista realizada por Francisco Portela, por si os apetece profundizar entre bastidores en Las islas de Poniente o conocer este blog, que vale la pena.

El blog literario “Un lector indiscreto”, de Francisco J. Portela, que publicó el paso mes de abril una estupenda reseña de la novela “Las islas de Poniente” (muchas gracias Paco), ha publicado en este mes una larga e interesante (es una opinión) entrevista que me ha realizado vía email, y que podéis leer picando en la siguiente imagen:

Tienes que cavar

Tienes que cavar 1

Tienes que cavar. La tierra está muy dura, quién lo iba a decir, después de la primera arena suelta que más que cavar apartas con la pala, será un palmo, tal vez ni eso, y después esta costra reseca que te hace resollar y te ampolla las manos. Cada vez que clavas la pala puntiaguda, el golpe repercute por todo tu cuerpo, los huesos lo transmiten de articulación en articulación, como una marea que lo recorre de punta a cabo hasta regresar a la misma tierra en un ciclo cerrado y vicioso, y así se equilibra todo.

Sí, al final todo se equilibra, incluso la sangre, porque el fiel de la balanza, aunque dé bandazos, siempre regresa al centro; y prefieres creer que es una cuestión de equilibrio y no de justicia la que te tiene amarrada a la ingrata tarea: señalaste a otros y ahora vienen a por ti, quien a hierro mata, ya se sabe, siempre lo has sabido, lo que te molesta es el momento tan inoportuno aunque, para esta empresa, ¿cuándo es bueno el momento?

Sigues avanzando en la tarea, cada vez más despacio, la verdad, porque a medida que se profundiza, la tierra está más dura y las fuerzas flaquean. La zanja te llega ahora por la cintura y eso empieza a ser fatal. No tienes muchas preguntas que hacerte porque, en general, conoces las respuestas, pero te preocupa que empiezas a no controlar tus propios pensamientos que bullen ansiosos en el interior de la cabeza: se dislocan y confunden, chocan entre sí como las moléculas de un gas puesto a calentar, la presión interior aumenta y la cabeza te empieza a doler. Ves rostros que están muertos desde hace tiempo, quizá no enterrados pero desde luego muertos, no por tu mano, ninguno de ellos, aunque sí por tu dedo índice, el mismo que contribuye a sujetar la pala, impulsarla y cavar un hoyo que ya alcanza tu pecho.

Leer Más

Fallado el V certamen literario Entre Pueblos

La Asociación de escritores Entre Pueblos, informa en su blog que, finalizado el estado de alarma, por fin se falló el V certamen literario Entre Pueblos en las modalidades de poesía y relato corto.

En la modalidad de poesía, el fallo ha sido el siguiente:
Ganador: Juan Molina Guerra, de Ubrique, Cádiz.
Finalistas: Juan Lorenzo Collado Gómez, de Albacete, y Juan Manuel Saiz Rodríguez de Avezia, de Álava.

En la modalidad de relato corto:
Ganadora: Pilar Arijo Andrade, de Málaga.
Finalistas: Luis Miguel Morán Bregel, de Benidorm, Alicante, y José Ignacio Tamayo Pérez, de Getxo, Vizcaya.

Damos una especial enhorabuena a los ganadores y finalistas, pues este año el número de trabajos recibidos ha sido superior a las anteriores ediciones y, dada su excelente calidad, ambos jurados han tenido que hilar muy fino para dar el fallo.

El acto de entrega de premios se realizará, si no lo impide ningún imponderable, el sábado 19 de septiembre, por la tarde, en Azuaga, donde se les entregará a los ganadores el premio en metálico y un trofeo, y a los finalistas un diploma acreditativo. Las obras ganadoras serán publicadas por la revista de ferias del Ayuntamiento de Azuaga de 2021, ya que este verano no se editará.

Tres días de marzo

16 de marzo de 1981

Está amaneciendo. Hace dos días que bombardean el caserío. Por el día sobre todo, pero también por la noche. No hace mucho cayó un motero ahí nomás, directo al palo de zapote. Lo hizo astillas. Mi padre con mi hermano Chemo han cavado un agujero al otro lado del cerco, entre los palos de café, y lo han tapado con maderas y tierra. Nos metemos todos dentro, pero apenas ajusta. El agujero es pachito y el terrizo que lo cubre no garantiza.

Estoy sentada junto a mi mamá, y la ayudo a chinear a mi hermanito. Se me ven las rodillas, que están sucias y algo terrosas. Estiro la falda, pero es demasiado corta y no alcanza a cubrirlas. Toda la ropa se me está quedando pequeña. Mi mamá dice que estoy creciendo muy aprisa, que me va a cortar un par de vestidos en cuanto pueda comprar la tela. Estamos todos callados, nadie se anima a platicar. Mis hermanos no lloran ni gritan, están como temblorosos, con mucho miedo. Yo también tengo miedo pero estoy tranquila, no sé por qué.

Me fijo en una hormiga negra, de esas que les dicen guerreadoras, que va trepándose por el pie y después por la canilla. Pican duro, pero si te mantienes quieta, sin respirar, entonces no hacen nada. Está algo perdida, igual que nosotros. Se mueve deprisa, con sus patitas delgadas y largas, y apenas la noto sobre la piel. A don Peto, mi padrino, se le metió una hormiga en la oreja mientras dormía la borrachera, en medio del monte. Llegó a casa tambaleándose y gritando del dolor, agarrándose la cara con las dos manos. Se devanaba por el suelo y brincaba y se daba cabezazos contra los horcones del corredor. Tuvieron que sujetarlo entre varios hombres para intentar sacarle la hormiga. Le hurgaron en el hueco de la oreja con una ramita y, como no salía, llamaron a la Licha, que tiene las uñas largas. Pero tampoco. Al final fue mi abuela quien dijo: échenle agua caliente, no sean brutos, y así salió.

Se oyen venir las granadas. Zumban antes de estallar igual que los zancudos cuando se te acercan a la oreja, pero más fuerte. Entonces cierro los ojos y encojo los hombros. Pienso que si nos cae una encima nos vamos a morir todos. Pero revienta y aún seguimos aquí, vivos. Algunas caen bien cerca y la tierra se sacude con un temblorcito. Y le corre a una como un escalofrío por la espalda. Por ratos vienen más seguidas, bum, bum, bum, y después se calma un momento.

Leer relato completo

 

“Las islas de Poniente” cumple 1 año (III)

Puede que mis palabras al final se queden cortas para describir todo lo que Las islas de Poniente contiene

Una de las reseñas sobre la novela se publicó en el blog literario y cinéfilo “Libros en el petate”. Fernando, el autor de la reseña, escribe: «Puede que mis palabras al final se queden cortas para describir todo lo que Las islas de Poniente contiene y puede ofrecer al lector, pero un viaje de semejantes características, con aquellas condiciones y el misterio que envuelve a lo que ocurrió con aquellos aventureros, tiene mucho que contar pero mientras más se diga menos capacidad a la sorpresa deja uno a los futuros lectores».

Pica sobre la imagen si quieres leer la reseña

La imagen puede contener: una persona, texto

 

El galeón de Manila

El Galeón de Manila fue la línea marítima más longeva de la humanidad: duró más de 250 años.

Os dejo con esta interesante entrevista realizada en la sección “La espada y la pluma”, de Radio Ya, a Francisco Moreno, especialista en las navegaciones por el Pacífico, que nos revela algunos secretos sobre esta empresa tan poco concido de nuestra historia. Espero que os guste

La “Armada Invencible”. Los irlandeses nos sacan los colores

Los irlandeses nos sacan los colores produciendo una película sobre la Armada Invencible

Es decir, una película sobre nuestra propia historia. Curiosamente, o no, ha sido otro país el que ha producido una película sobre la famosa, controvertida y desconocida historia de la Armada Invencible, que, por cierto, nunca se llamó así, sino Feliz Armada o Gran Armada (lo de “invencible” fue invención inglesa). “Armada 1588: Naufragio y supervivencia” relata la gesta del capitán español Francisco de Cuéllar, cuyo barco encalló frente a las costas de Irlanda tras el fracaso de invadir Inglaterra . La película está disponible en la web: https://www.spanisharmadaireland.com/

“Las islas de Poniente” cumplen 1 año

“Las islas de Poniente” cumplen 1 año desde su publicación. Reseña de Carla lee libros.

Una vez lanzada “al aire”, la novela deja de ser propiedad del autor para convertirse patrimonio del crítico y, sobre todo, del lector. Durante estos 12 meses ha cosechado numerosas críticas y reseñas, en general positivas, y he recibido las impresiones de numerosísimos lectores que me ayudarán (que me están ya ayudando) a mejorar como escritor. En este post dejo la reseña de una joven lectora. ¿Quién ha dicho que la novela histórica no es un género literario para las mujeres? ¿Quién ha dicho que la novela histórica no sea un género literario para los jóvenes? Creo que Carla no opina lo mismo. ¡Gracias por tu reseña sobre «Las islas de poniente»!.

Veinticinco años después

Te había conocido una tarde, meses atrás, en una asamblea que hubo frente a la tarima del campamento cinco. El sol caía hacia poniente y el viento levantaba nubecillas de polvo. De pronto, levanté la vista y allí estabas tú, al fondo y un poco a contraluz. Llevabas zapatillas blancas, calcetines amarillos y un vestido verde manzana que el viento pegaba a tu cuerpo y te marcaba las formas. Tenías el pelo largo, muy negro, recogido con dos prendedores y tus ojos oscuros me dirigieron una mirada que tuvo algo de de contacto físico, como un golpe o, al menos, una sacudida. Pero cuando logré reponerme de la impresión, habías desaparecido.

Estuve varias semanas indagando discretamente por “la chica del traje verde manzana”, hasta que te localicé: se llama fulana, me dijeron, vive por allá y quiere aprender inglés. Para poder acercarme a ti, le propuse al comité de educación encargarme de dar las clases de inglés en la escuela nocturna, aunque apenas supiera pronunciar más que hello y goodbye. Así que nos conocimos oficialmente en el aula donde, dos veces por semana, se impartían las clases. Aquella aula se llenaba de zancudos y se oían más las palmadas con que los matábamos que mis torpes lecciones. Pero así es el amor, que no entiende de idiomas, ni de bichos. Leer Más

Reseñas y críticas de “Las islas de Poniente”

Reseñas y críticas de "Las islas de Poniente"En marzo ha hecho ya diez meses de la publicación de la novela Las islas de Poniente, con la editorial Pàmies, en la colección de Narrativa Histórica, y ha llegado el momento de detenerse, echar la vista atrás y pasar revista de lo que la novela ha dado de sí. Y qué mejor manera que hacerlo que a través de las opiniones de los demás. Durante estos meses, varios han sido los reseñadores, blogueros y periodistas que han puesto por escrito, o a través de vídeos, sus opiniones sobre la novela. Si estáis interesado en conocerlas, a continuacion os dejo los enlaces:

 

 

PROMOCIÓN KINDLE SEIS MIL LUNAS

seis-mil-lunas-gratis julio alejandre

Autores, blogueros, booktubers, escuelas de escritura e incluso algunas de nuestras editoriales de cabecera han puesto en marcha iniciativas gratuitas para hacer más llevadera la reclusión en casita. “La otra literatura” también quiere aportar su granito de arena ofreciendo la descarga gratuita, desde mañana jueves hasta el lunes 6 de abril, inclusive, del ebook Seis mil lunas, de Julio Alejandre. Se trata de 14 historias de personas concretas, de carne y hueso, sacadas de la América Latina de hoy, que nos transmiten sus derrotas, sus desventuras, sus esperanzas y su búsqueda de una vida mejor.

Disponible en el siguiente enlace:

https://amzn.to/3dhoXSm

El instinto de vivir (2): un relato de supervivencia

El instinto de vivir

Era tarde. Había caminado durante horas a través del bosque, quizá no había hecho más que dar vueltas en un cuadrilátero, como un boxeador, sin llegar a ninguna parte. Pero ya no se movía. Estaba recostado sobre el tronco de un árbol, desfallecido. No veía absolutamente nada, ni siquiera su propio fusil, que a intervalos irregulares montaba y disparaba al aire. El fogonazo lo cegaba y durante unos momentos no había nada más que una claridad deslumbrante, como cuando de pequeño intentaba mirar al sol, pero después venían a sus ojos, en negativo, las imágenes de los troncos que lo rodeaban, de su propio cuerpo, de la nieve amontonada. No lo hacía, lo de disparar, porque tuviera esperanza en que alguien fuera a responder, sino para no reconocerse definitivamente vencido.

La tormenta había aflojado un poco, nevaba con menos intensidad y la temperatura seguía cayendo; sin embargo, cada vez sentía menos la fiereza del frío. Su cuerpo estaba tan aterido que sólo tenía conciencia de un malestar desapacible, de un dolor romo que le entumecía los nervios. Sabía que estaba empezando a congelarse, pero no tenía fuerzas ni ánimos para continuar marchando: “La desesperanza te ha ganado”, le habría dicho el sargento Patiño. Montalvo hizo un esfuerzo, con movimientos torpes cargó el fusil y lo disparó. Otro destello deslumbrante. Esta vez la luz se mantuvo durante un momento a su alrededor, hipnótica, iluminando rincones interiores que no eran de este presente.

Los pensamientos perdían claridad, deslizándose entre ellos un carrusel alocado de recuerdos: la fotografía de su novia, la que le había obsequiado a pie de andén y perdió durante el viaje; las manos sonrosadas y las uñas largas y pintadas de rojo oscuro de la mujer que tomaba sus datos en el campamento, la sala llena con banderas e insignias; se acordaba del padre Esteban, el profesor de latín en el internado de Don Benito, ¿de qué le había servido el latín?, que se levantaba la sotana y jugaba con ellos al fútbol en el descampado de la Avenida como si fuera un alumno más; de Martín Navas, su compañero de pupitre; de su hermano, que cayó en Teruel, lo veía cargando costales de aceitunas en las bestias sin ayuda de nadie, del hogar grande que había en la casa familiar, donde se quemaban enormes troncos de olivo que llenaban la cocina de humo picante, todos sus hermanos sentados alrededor del fuego, en sillas de anea, su madre, con el pañuelo anudado en la cabeza, preparando la matanza, su padre, liando cigarros y contando chascarrillos, otra vez su novia llorando en la estación de Atocha, con su vestido de color negro, como si fuera ya una viuda, el tren que se alejaba hacia la frontera, un paisaje desolado y llano, las mujeres agachadas sobre la tierra en las planicies sin fin, y el caos de la guerra, con nieve, con barro, con calor, los compañeros caídos, despanzurrados, rotos, los medio vivos y los medio muertos, el olor a podredumbre de los heridos, amontonados a la espera de una evacuación que siempre llegaba demasiado tarde, el zumbido de los obuses, el estruendo de la explosión, el tableteo de las ametralladoras, la desbandada y la derrota, y su única elección en esta tormenta, aunque elegir, lo que se dice elegir, no lo había hecho nunca, su única elección que era la supervivencia, había que joderse, extraños caminos para lograrlo.

Y debía ser ese instinto de vivir, mecánico y testarudo, el que tiraba de vez en cuando de un pensamiento redentor, rescatándolo del olvido: no te rindas, no te rindas, ¡no te rindas! Y el hombre volvía a cargar el fusil, pero no le quedaban fuerzas para halar del cerrojo. No te rindas, repetía el pensamiento. “La última vez”, se dijo él, no porque no le quedase munición, que tenía veinte o treinta cartuchos aún, sino porque no le quedaba voluntad. Pero con todo y eso tiró del cerrojo y montó el arma. Vio el fulgor poderoso que se apagaba gradualmente en una oscuridad total. Y también el destello que lo siguió, más pequeño y rojizo, como un eco lejano. No he sido yo, pensó de golpe, en un chispazo de entendimiento de su mente aturdida.

No he sido yo.

A %d blogueros les gusta esto: