Feeds:
Comentarios

Archive for the ‘Textos breves’ Category

Ayer, sábado 28 de febrero, la asociación de escritores Entre Pueblos organizó una tarde literaria junto con la asociación ALAS, de la sierra norte sevillana. En el restaurante del camping de Azuaga nos dimos cita más de veinte personas para leer y escuchar poemas, relatos, vivencias  y otros textos, para hablar de literatura y soñar proyectos mientras compartíamos un café y unos roscos blancos. A la caída de la tarde dimos por concluido el evento y los amigos andaluces, que también celebraban el día de su tierra, se despidieron de Azuaga y de nosotros con un hasta pronto.

Como hoy es día de elecciones en El Salvador, me dio por leer uno de los poemas más famosos de Roque Dalton, escritor salvadoreño fallecido durante el conflicto armado. “Poema de amor” se llama y, más que un poema, es  un himno para toda la generación de salvadoreños que vivieron y sufrieron la guerra. A continuación lo transcribo:

Los que ampliaron el Canal de Panamá
(y fueron clasificados como “silver roll” y no como “gold roll”),
los que repararon la flota del Pacífico
en las bases de California,
los que se pudrieron en la cárceles de Guatemala,
México, Honduras, Nicaragua,
por ladrones, por contrabandistas, por estafadores,
por hambrientos,
los siempre sospechosos de todo
(“me permito remitirle al interfecto
por esquinero sospechoso
y con el agravante de ser salvadoreño”),
las que llenaron los bares y los burdeles
de todos los puertos y las capitales de la zona
(“La gruta azul”, “El Calzoncito”, “Happyland”),
los sembradores de maíz en plena selva extranjera,
los reyes de la página roja,
los que nunca sabe nadie de dónde son,
los mejores artesanos del mundo,
los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,
los que murieron de paludismo
o de las picadas del escorpión o de la barba amarilla
en el infierno de las bananeras,
los que lloraran borrachos por el himno nacional
bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte,
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,
mis compatriotas,
mis hermanos.

Read Full Post »

mesa_grande_2

Campamento 3, Mesa Grande, Honduras

En el campamento de refugiados de Mesa Grande hacía frío algunas veces. El cielo se encapotaba, cubriéndose con nubes bajas que se enredaban en las cimas de los cerros y ocultaban el sol durante una semana. Hacía viento, soplaba continuamente. Cuando arreciaba, bien se lo oía venir, embisitendo con fuerza unos momentos y amainando después. Se metía por todas partes, silbando entre las rendijas de las tablas, haciendo batir las puertas y postigos y entrechocar las ventanas y láminas mal fijadas, desgarrando plásticos y lonas.

Y así todo el día. Caía una lluvia cernida y finísima a la que en Centroamérica llaman temporal. Gotitas diminutas como puntas de alfiler que el viento zarandea a su antojo, que flotan en el aire con vocación de ingravidez, que se posan en la ropa y en la piel desnuda como un rocío imperceptible, pero al cabo de un rato lo empapaban a uno. En los techos de lámina de las carpas sonaba como si estuvieran echando arenilla fina.

El frío no era exagerado en términos absolutos, es decir, el termómetro no bajaba mucho, pero la gente no tenía cómo protegerse y se resentía de él. Las familias se arracimaban en las destartaladas cocinillas, alrededor del fogón. La mayoría no tenía para abrigarse más que un suéter fino y desgastado. Algunos, sobre todo los niños, que no tenían suéter, se echaban una toalla por los hombros, a modo de toquilla, o un simple trapo de envolver las tortillas. Yo los veía correr, envueltos en sus trapos, ateridos de frío, descalzos, camino de la escuela o a traer algún mandado. Los hombres caminaban con las manos en los bolsillos y los brazos pegados al cuerpo, intentando atrapar el calor, daban saltos, se empujaban, corrían. El frío estaba presente en todas partes. En clase, mis alumnos se sentaban con las piernas cruzadas y escondían las manos en los sobacos o en la entrepierna en cuanto dejaban de escribir, o se las frotaban y se las soplaban constantemente. Así era difícil concentrarse y estudiar. Y yo era el primero que me quedaba helado dando la clase.

Campamento 5, Mesa Grande, Honduras

Campamento 5, Mesa Grande, Honduras

Read Full Post »

familia salvadoreña frente a su casa

familia salvadoreña frente a su casa

Llegaron a media tarde, después del almuerzo, cuando ya estaban lavados los trastes, recogida la mesa y apenas si quedaban unas brasas mortecinas en el comal; eran muchos, muchos, más de cien. Entraron por el portón que da al camino bajo y se disgregaron por todo el huerto, dejaron sus mochilas en el suelo, en cualquier puesto: debajo de los aguacates, entre el cafetal, junto a los mangos, bajo unas matas de huerta, parapetados en el cerco de piedra.

Desde el corredor, la familia asistió a la invasión sistemática de la propiedad. Estaban puestos en fila: la madre, que tenía en sus brazos al más pequeño, y la hija mayor, que les daba las manos a sus dos hermanos menores, y los miraban en silencio, estáticos, observando y sintiéndose observados. Por fin, un grupo como de diez soldados se acercó a la casa y entró en el corredor. Pasaron junto a ellos sin un saludo, sin una explicación, como si fueran figuras de barro, se despojaron de sus mochilas y pertrechos y los dejaron en el suelo. (más…)

Read Full Post »

La hermana Meri

La hermana Meri es mujer de porte otoñal, alta y delgada, con la tez clara y el pelo negro ceniciento recogido en un moño apretado que le estira la piel de la cara, por cuyos rasgos añejos parece no haber pasado nunca una sonrisa. Vive cerca de la iglesia, en un caserón de muros gruesos y techos altos, fresco hasta en los días más calientes, que tiene detrás un amplio corredor con varias pilas para el agua, un patio empedrado y una serie de alpendes más allá de los cuales el extenso huerto arbolado se prolonga en un baldío hasta la calle que va a El Volcán, ya casi en las afueras de Santa Bárbara.

La hermana Meri empezó a interesarse por el arte y los manejos de la hechicería de la mano de una hondureña a la que apodaban la Doña. Ella le enseñó que existían unas energías invisibles y poderosas en el universo, cuyo control requería estudio, práctica, tesón y, sobre todo, cierta calidad del espíritu que no estaba al alcance de cualquiera; le enseñó primero las magias más sencillas, como las que sirven para atrapar los pensamientos ansiosos; pero luego también otras más delicadas, como la mezcla de esencias para combatir los fríos del corazón; y de todas estas artes, le decía la Doña, unas son inofensivas y otras peligrosas, y la sabiduría más importante es aquella que ayuda a vencer la tentación de hacer maleficios cuyo propósito esté animado por el rencor o la ira. (más…)

Read Full Post »

Je_Suis_CharlieA propósito del atentado contra la revista Charlie Hebdo, de la enorme difusión de la noticia y de la expresión de un generalizado sentimiento de repulsa a través de las imágenes de miles de personas alzando los carteles de “Je suis Charlie”, han sido publicados algunos artículos titulados, a contracorriente, “Yo no soy Charlie Hebdo” (El País, ABC y Tercera Información), que, aunque no coinciden entre sí más que en el título, analizan la noticia desde un punto de vista diferente.

De los tres, el que más me ha llamado la atención y que en cierto modo motiva estas líneas es el que publica en Tercera Información y otros medios digitales José Antonio Gutiérrez; aunque, más que el artículo en sí, lo que me ha llamado la atención han sido los numerosísimos comentarios que, a continuación del artículo, han dejado los lectores. (más…)

Read Full Post »

Viejo año nuevo

Abrió los ojos súbitamente, unos ojos oscuros y algo enrojecidos, rodeados por unas ojeras moradas y profundas que, durante unos instantes, miraron sin ver. Se fijaron, al fin, en la mosquitera que estaba suspendida sobre la cama, sucia de polvo y hecha un puño.

Quería recordar, fijar la atención en algo que había quedado a medio camino del pensamiento, prisionero en la difusa frontera donde se confunden el sueño y la vigilia. Quería encontrar el cabo, el hilo preciso que se lo devolviera. Frunció el ceño en un vano esfuerzo por concentrarse.

A pesar de lo temprano de la hora ya hacía calor. Minúsculas gotitas de sudor le humedecían la piel. Deslizó el dedo por su brazo, abriendo un surco en el sudor y dejando una estela, primero blanca y después rosada, que se fue difuminando hasta la disipación. Una mosca se le posó en la frente, junto al arranque del pelo, y libó entre un mar de brillantes gotitas de grasa. La espantó con un movimiento lánguido, pero ella regresó, pertinaz, y ya no tuvo voluntad para alejarla. Apoyó la cabeza en la almohada y fijó la vista en el techo de cinc, donde algunos pájaros zangoloteaban en una escandalera de metal. (más…)

Read Full Post »

Tú y yo

Hay un fuego agradable con tres o cuatro troncos de encina y un brasero incandescente que irradia calor al salón. Tengo una copa de vino en la mano, tinto de la tierra, de color rojo cereza, opaco y brillante. A través del cristal veo la televisión, donde se emite un clásico del cine: Tú y yo, de Cary Crant y Deborah Kerr. La película está finalizando. Él ha entrado en su apartamento y ella lo escucha atentamente desde el sofá. La conversación parece llegar a un punto muerto y el hombre hace ademán de marcharse. A través de la copa veo como se aleja hacia la puerta, con su traje oscuro y su sombrero en la mano. De repente se detiene, hace un comentario y se vuelve. El vino corta a Cary Grant en un plano medio. La cámara enfoca a Deborah, que le contesta expectante. Su vestido, de un rojo saturado, hace juego con el color del vino. En realidad, todo es rojizo en la habitación: el sofá, el papel de las paredes, la moqueta del suelo y los labios de la mujer. Él se ha dado cuenta de algo importante -lo transmite claramente la expresión de su cara- y disimula mientras observa las paredes del pequeño apartamento, pero no encuentra lo que busca. Cruza delante de ella, hablando sin mirarla, abre la puerta de su dormitorio y se queda helado. La cámara nos muestra el rostro embelesado de un Cary Grant que mira de frente. A su espalda hay un espejo donde vemos el objeto de su atención: un cuadro. Entonces lo comprende todo. Suspira y apoya la cabeza en la puerta. (más…)

Read Full Post »

Older Posts »