Amor: anoche tuve un sueño. Muchas veces tengo sueños extraños, pero en el de anoche aparecías tú. Soñé que iba por una calle negra con mi hijo, íbamos los dos en la caja de un camión, una calle que bajaba entre cerros, como la que sale de San Luis, pero no esa, otra parecida, dando vueltas y más vueltas, cada vez más deprisa, el camión no tenía motorista y todos gritábamos detrás. Yo agarraba a mi hijo con fuerza, pensando que no se muera diosito, que no se muera, pero el camión se salió en una curva y volcó y cayó al fondo de un barranco. Mi hijo y yo nos quedamos colgados en un palo en mitad de la caída. La pendiente era enorme, como la pared de un pozo, y no podíamos subir ni bajar, allí enganchados, a medio camino del purgatorio. Quise gritar, gritar llamando a alguien que nos rescatara, pero no me salía la voz, se me atascaba en la garganta como un mendrugo mal ensalivado; entonces vi tu cabeza por encima de la pared, estabas sonriendo.

Ahí fue cuando me desperté y así he estado desvelada toda la noche, pensando en el sueño, temblando. ¿Es un aviso? ¿qué peligro nos amenaza? Un claror muy tenue se iba colando por las rendijas entre las tejas. Deseaba que estuvieras a mi lado para abrazarte y que me abrazaras, para sentir tu calor en esta madrugada fría, pero no puede ser, lo sé, ahora no. Por eso lo he escrito al levantarme, de un tirón, para que no se me olvidara y, para cuando lo leas, sepas cómo te necesito. Un beso, cien, mil besos que te esperan en mis labios.

El relato El viejo canalla, del escritor madrileño, residente en Azuaga (Badajoz), Julio Alejandre Calviño, ha resultado ganador de la XXIII edición del Premio Unicaja de Relatos, dotado con un un busto del prestigioso escultor Miguel Berrocal. El accésit, por su parte, ha recaído sobre el fotoperiodista coruñés Javier Quintana Vázquez por su obra Latitud de exposición.

Diario de Cádiz, abril 2012
ABC
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El pasado viernes 18 de mayo presenté  (o mejor dicho, presentamos, porque fuimos varios)  en el salón del restaurante Las Conchas, de Azuaga, el libro  “Héroes, tumbas y libros perdidos”, obra ganadora del I Premio de Narrativa de la Universidad Complutense de Madrid.

El libro incluye siete historias que se deslizan a través de épocas y continentes dispares, desde los mares del sur hasta las estepas rusas, de la antigüedad clásica hasta nuestros días, y donde la guerra, el amor, la derrota y la aventura intentan dibujar un mapa universal.

En el acto estuvieron presentes, acompañándome y haciendo entrañable el evento, colegas, compañeros, amigos y familiares, además de otras personas que se acercaron al amor de la cultura y la literatura.

La presentación corrió a cargo de Juan Manuel Gómez, que leyó unos párrafos del prólogo y habló sobre el autor. Después, se pasó a leer algunos pasajes escogidos de la obra gracias a la cortesía de Carla Alejandre, Isabel Guerrero y Antonio Fuentes, quien, por último, tuvo la gentileza de dedicarme un poema.

Mª José , de la librería PADU, tuvo a la venta ejemplares del libro y regaló a quien lo comprase una antología del IV Certamen Gerald Brenan de relato.

Para finalizar, se reservó un espacio de tiempo a preguntas del público, a firmar y dedicar ejemplares, y se ofreció una copa a los asistentes para charlar, comentar y relacionarnos fuera del protocolo de la actividad.

Desde mi blog quiero agradecer a todos los que asististeis, el detalle de haber dedicado un rato de vuestro tiempo a participar y “dar vida” a un evento que si ha sido bonito y cálido, lo ha sido gracias a vuestra presencia.

A los otras reclusas les gustan mis dibujos. Los hago sobre las paredes, desconchadas y feas, como las de todas las prisiones del mundo. Me pinto los labios con carmín, los embadurno abundantemente hasta que quedan espesos y tentadores. Después beso la pared y dejo impresa una marca roja y estriada que se convierte en boca, y alrededor de ella, con el lápiz de ojos, esbozo la forma de una cara, trazo el pelo, los brazos; todo el cuerpo va saliendo de la punta oscura, con esmero y paciencia. Finalmente, cuando está completo el dibujo de una mujer, escribo debajo su nombre y cuento su historia.

La Juana iba ya preñada de su primer hijo aquella vez, aunque no se le echara de ver, cuando seguía con la mirada baja al mulo medio chúcaro que montaba Armides en dirección a su hogar, donde dio a luz aquel hijo y los ocho restantes que parió, año con año, unos medio vivos y otros medio muertos, hasta que se le agotaron las chiches y se le secaron las entrañas. Vivían de colonos en tierras de don Enrique Amaya, en una parcelita minúscula arrancada a golpes de piocha a la ladera del cerro, y cultivaban una o dos manzanas de milpa que gustosamente les cedía el hacendado en la parte más estéril y reseca de su heredad, a cambio de un tercio de la cosecha y de trabajarle veinte jornadas al año, veinte, de sol a sol.

El terreno donde Armides y sus hijos se fueron dejando el sudor y las energías a lo largo de los años, y también la piel, estaba recubierto por una alfombra de piedras negras y redondeadas que cayeron allí, según cuentan los ancianos, un día remoto en que se abrió el cielo y llovieron, para penitencia de los hombres, piedras. Aparte de la milpa, criaban en la casa algunas gallinas jaspeadas, unos jolotes cenicientos y uno que dos cuches de secano los años mejores.

Así pasaron los años, entre malos y peores, y la familia nunca salió de pobre, que nunca les ajustó la cobija ni siquiera para comprar el solar donde estaba la casa, y mucho menos un terreno propio donde cultivar. Los hijos crecieron desnutridos y harapientos, resecos como la tierra y duros como las piedras, con la tenacidad de la semilla que cayó en baldío. A la Juana la fueron arrugando y encogiendo el trabajo y los hijos, los hijos y el trabajo, y a Armides le robó el sol el color del pelo, dejándoselo blanco como las hilachas del algodón; y las innumerables cargas de maíz, cantaradas de agua y sacos de abono que transportó por esos cerros, y los años, breves y duros, le doblaron la espalda y le humillaron la mirada.

El Jurado de la XXXIV edición del Concurso de Cuentos ‘Emiliano Barral’, organizado por el IES ‘Andrés Laguna’, ha concedido el Primer Premio al relato ‘Muñecas de fortuna’, del que es autor Julio Alejandre Calviño. Acta del jurado aquí.

La acompañó a la casa y entró detrás de ella. Afuera quedaba la guerra. Dentro, las luces apagadas, su proximidad, el perfume dulzón y obstinado, le producían un vértigo desconocido, una languidez placentera. Ella lo besó, multiplicando las caricias, abrazada a él como guía que se enreda en las ramas, desnudándolo, desnudándose. El cuarto daba vueltas como un tiovivo de feria: bailaban las paredes desnudas, las esquinas sucias, los muebles desportillados. Ella se deslizó entre las sábanas y lo reclamó con la mano, muda e imperiosa, pero él se retuvo, de pie frente al viejo camastrón. La mujer lo observó con ojos enormemente abiertos, sorprendidos primero y chispeantes después; alargó el brazo y lo tomó de la mano con cálida presión.
–¿Eres virgen acaso?, preguntó mirándolo a la cara.
Él se envaró ante la pregunta.
–He vivido en el peor de los infiernos.
–Sí, pero ¿has hecho el amor con una mujer?
–He matado a siete hombres cara a cara, he vencido a dragones y me he comido su corazón.
Una luminosidad apagada situaba la ventana, la penumbra cómplice delimitaba un espacio de sombras densas y siluetas palpitantes.
–Esta es otra guerra, le dijo ella, arrastrándolo a su lado con firmeza, y se lucha con otras armas.

La web literaria MundoPalabras, cuyo lema es “Donde la gente disfruta del lenguaje”, y que recomiendo a quienes os guste escribir y/o leer, la semana pasada me realizó la siguiente entrevista.

A continuación del acto inaugural de la II Semana Complutense de la Letras, a cargo del escritor y humanista José Luis Sampedro, se presentaron los libros de narrativa, teatro, posesía y ensayo correspondientes a los Premios Literarios UCM 2011, donde participamos Álvaro Arroyo, vicedecano de la facultad de de Filología, Fernando Presa, catedrático de la UCM, Ignacio Pajón, ganador del premio de teatro, y un servidor, premio de narrativa. Podríamos decir, por tanto, que J. L. Sampedro actuó como nuestro telonero.

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La presentación del relato ganador del certamen y del autor del mismo corrió a cargo de Luis Simón Albalá Álvarez, uno de los miembros del jurado, que preparó un pequeño discurso generoso y analítico.

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